The Objective (España), Antonio Rodríguez, 25.02.2026

Una veintena de víctimas y sus familiares de la asociación religiosa Hijas del Amor Misericordioso (HAM) han enviado este lunes una carta a León XIV en la que relatan una serie de «graves abusos sexuales» cometidos supuestamente bajo el gobierno de la exsuperiora general, María Milagrosa Pérez, así como «prácticas prohibidas y abusos litúrgicos» que han llegado, incluso, a desembocar en «oraciones de liberación y exorcismos con menores», así como en acciones propias de «teología herética».

La misiva entregada al Dicasterio para la vida consagrada cuenta con 23 firmas. En dicha carta, a la que ha tenido acceso THE OBJECTIVE en exclusiva, exmiembros, víctimas, madres y padres con hijas «dentro y fuera» de dicha asociación expresan al Papa «una preocupación profunda y una sensación de urgencia» para que la Santa Sede actúe, al constatar que «la vida, la salud mental y la fe de nuestras hijas, y de muchos jóvenes, siguen en peligro dentro de la Iglesia». Todo ello después de que las HAM fuesen intervenidas a finales de julio del año pasado por la archidiócesis de Madrid tras una investigación previa dirigida por el Tribunal de la Rota.

Si bien la rama femenina no es una congregación religiosa como tal, sí está reconocida como asociación por la Iglesia. «El problema no es que vivan al margen de la Iglesia», le advierten de inicio a León XIV, sino que los seguidores de esta entidad religiosa han desarrollado «una cultura interna y un modo de gobierno que han producido graves abusos sexuales, de conciencia, de poder y de libertad».

La archidiócesis que dirige el cardenal José Cobo decidió intervenir las HAM después de investigar una veintena de denuncias presentadas en los últimos años por miembros que salieron de esta asociación y por familiares de varias jóvenes monjas que, en su opinión, fueron captadas mediante acciones propias de una «secta».

La entonces líder de las HAM, conocida como Marimí o mami entre sus seguidores, fue apartada tras esta intervención total. En su lugar, el cardenal Cobo colocó a Pilar Arroyo como «comisaria extraordinaria» por un periodo inicial de un año, que podrá ser prorrogable, con el encargo de supervisar la congregación de arriba a abajo. Sin embargo, Marimí sigue teniendo influencia entre los miembros de la asociación.

«Este paso ha supuesto, por primera vez, un reconocimiento eclesial del sufrimiento de muchas personas. Pero la realidad que vivimos como familias es mucho más amplia y, a día de hoy, sigue siendo gravísima», inciden los firmantes. En este sentido, algunos hermanos y hermanas sufren secuelas psicológicas y necesitan tratamiento médico.

Inicio de la carta enviada al papa León XIV este lunes por víctimas de las monjas HAM.
«Lo más doloroso para nosotros», subrayan al Papa, «es que ni las que están dentro ni las que han salido son conscientes del daño que han sufrido. Al contrario, se sienten las ‘perseguidas’, convencidas de que la Iglesia se equivoca, que ‘no entiende su carisma’ y que todo lo que está sucediendo es una injusticia contra sus superiores y sus sacerdotes. Viven como un ‘resto fiel’ incomprendido, llamado a resistir. Esta mentalidad les impide mirar con calma lo vivido y las bloquea en cualquier proceso de sanación».

Las dificultades de Arroyo como nueva comisaria son «evidentes», en opinión de las víctimas, por la permanencia del núcleo duro que rodeaba a Marimí dentro de las HAM, a las que se acusa de mantener un «cerrazón sectario» pese al paso dado por la archidiócesis madrileña. «Han manifestado en ocasiones la voluntad de permanecer unidas aun al margen de la Iglesia, a quien acusan de ‘modernista’. Tememos por su reagrupación en diócesis de otros lugares donde ya tienen presencia o una reagrupación al margen de la Iglesia. Solicitamos su cuidado para velar por el futuro de más de un centenar de jóvenes entre hermanos y hermanas», hacen hincapié en la misiva dirigida al Santo Padre.

«Prácticas prohibidas y abusos litúrgicos»

Tras ello, se enumeran y explican varios hechos denunciables a ojos de las víctimas de las monjas HAM y sus familiares. En primer lugar, una serie de abusos de poder y conciencia en la dirección espiritual. «Miembros de este grupo, incluyendo sacerdotes, han sido formalmente denunciados por abusos de poder y conciencia, así como de manipulación y aislamiento de relaciones. Al director, que actúa en el lugar de Dios, se le debe obediencia y transparencia absoluta. De este modo, los directores llegan a controlar el modo de vestir, las relaciones, los estudios y todos los aspectos de la vida, como atestiguan los denunciantes».

En segundo lugar, señalan «prácticas prohibidas y abusos litúrgicos», ya que hay «constancia documentada» del ofrecimiento de «posibles terapias de conversión de la homosexualidad, prohibidas por la legislación civil española, con alguno de los jóvenes que ingresan». También se han dado «prácticas irregulares de oraciones de liberación y exorcismos, incluso sobre menores».

Asimismo, se detallan «abusos o manipulación de la Sagrada Eucaristía para fines ajenos al culto, su traslado sin justificación pastoral y la erección de sagrarios clandestinos». En este sentido, los firmantes explican que las HAM han portado la Eucaristía «en un viático» y han realizado oraciones de liberación «manipulando la Sagrada Eucaristía», o rezando con ella por las «almas errantes» en habitaciones de sus miembros. «La exsuperiora ha sido acusada de llevar la Eucaristía a encuentros sexuales con un ‘novicio’ de la comunidad masculina», se revela en una de las acusaciones más graves dirigidas hacia Marimí.

También existe dentro de las HAM un «culto a la personalidad» tanto hacia el fundador, el padre Antonio Mansilla, como hacia la religiosa que dirigía la asociación a través de la «posesión y veneración de reliquias» suyas, aunque la Iglesia no las reconozca como tales. «La exsuperiora Marimí es considerada santa en vida. El supuesto fundador, que salió de la Compañía de Jesús, supuestamente retirado del ejercicio público del ministerio, fallecido en 2004, también es tenido por santo mientras se promueve su culto, como también ha quedado documentado».

Las víctimas relatan, a renglón seguido, «prácticas espirituales dudosas» que dan pie «a la manipulación de las personas». Por ejemplo, «las profecías en asambleas de alabanza» en las que, a través de aquel que posee el don profético, se han comunicado «miembros ya fallecidos de la comunidad revelando su estado escatológico» con frases del tipo ‘Ya estoy en el cielo, qué bien se está aquí’. A juicio de los redactores de la carta dirigida al Papa, Marimí y su núcleo duro «propagan pensamientos y teología herética sobre la salvación, mostrándose superiores según su teología a otros carismas o cristianos católicos por ser más espirituales, acusan constantemente a la Iglesia de modernista y perseguidora».

En último término, se desvela en la misiva la «formación canónica irregular» de varios sacerdotes ordenados «tras recibir una formación interna autorreferencial, al margen del seminario canónicamente erigido, contraviniendo posiblemente las normas de la Iglesia» sobre la referida formación sacerdotal. «Algunos miembros ordenados carecen incluso de los estudios civiles obligatorios (…) y, por consiguiente, de los estudios teológicos requeridos habitualmente para recibir las sagradas órdenes», concluyen los firmantes.

El obispo de Getafe, acusado de encubrir a los religiosos HAM pese a la intervención de Roma

Los firmantes de la carta remitida al papa León XIV ante la situación que se vive en el seno de las Hijas del Amor Misericordioso (HAM) acusan al obispo de Getafe, Ginés García Beltrán, de encubrir a la rama masculina de esta asociación religiosa en su diócesis, «desoyendo la instrucción de la Rota» sobre la intervención total de dicha entidad en julio del año pasado e «ignorando las decisiones» tomadas por la archidiócesis de Madrid, que dirige el cardenal José Cobo, «con respecto a una situación tan grave».

La documentación y la veintena de denuncias que han presentado víctimas de las monjas HAM han sido recogidas por la Vicaría Judicial de Madrid, ya que Getafe se inmiscuyó en la archidiócesis de Cobo aludiendo que «allí es donde se encuentra la única realidad con aprobación». En concreto, la rama femenina de las HAM que hasta el pasado mes de julio dirigía la superiora general, María Milagrosa Pérez, conocida como Marimí o mami entre sus fieles.

Sin embargo, la rama masculina, conocida como Hermanos del Amor Misericordioso, sigue presente en Getafe. «Aunque carece de reconocimiento jurídico formal, opera como una extensión de la misma, compartiendo fundadores, espiritualidad y un gobierno de facto bajo la misma superiora, Marimí, ahora apartada», indican al Papa.

Este grupo HAM reside en la localidad de Serranillos del Valle y antes se encontraba en Cubas de la Sagra. La rama masculina está compuesta por seminaristas y sacerdotes que «van siendo incardinados» en la diócesis de Getafe y constituyen, a juicio de los firmantes, «un peligro para los fieles y un escándalo que amenaza con perpetuarse a través de su actividad pastoral y nuevas ordenaciones sacerdotales».

«Los Hermanos del Amor Misericordioso aparecen nombrados en las denuncias que ha investigado la Rota de Madrid; sin embargo, por estar presentes en la diócesis de Getafe, estos casos se salen de la competencia territorial de la diócesis de Madrid. El vacío legal de su situación en la diócesis de Getafe permite que quede a expensas de las decisiones de su obispo, don Ginés García Beltrán, aunque recibieron la misma formación y estilo de vida de la asociación intervenida totalmente por Madrid» hace medio año.

Desde la diócesis de Getafe se transmitió que se participaría en la investigación, pero el resultado es una «falta de transparencia e inacción» por parte del equipo de García Beltrán. «Los afectados ya no queremos acudir a Getafe, pues han tratado de encubrir la situación durante años, mientras seguían ordenando a miembros de este grupo», anuncian los firmantes a León XIV.

A todo ello se une un hecho que «preocupa enormemente» a las víctimas de esta asociación religiosa: «Los hermanos de la mano de la autoridad que se les da en Getafe y los laicos siguen llamando, escribiendo y reclamando a las hijas que han salido para que ‘no se descarrilen’. Les insisten en que mantengan la obediencia espiritual, que sigan ‘fieles’ a lo recibido, que no escuchen a quienes critican a HAM, llamándolas por el nombre que adquirieron dentro de la comunidad».

Ante el riesgo «inminente» de que este vacío legal con la rama masculina y «la impunidad de las prácticas de la comunidad» en Getafe «siga y termine afectando a más personas víctimas», los firmantes de la misiva avisan «urgentemente» al Papa del obstruccionismo en dicha diócesis. «Nos alarma y entristece que, tras la instrucción del Tribunal de la Rota, desde el que se pidió la supresión, y la intervención en la diócesis de Madrid, la Iglesia en Getafe siga encubriendo, respaldando y animando a un grupo que ha dañado la vida de muchas personas».

Asimismo, las víctimas y sus familiares constatan que resulta «igualmente dolorosa» la falta de unidad y de comunicación entre los obispos. «En el caso de don Ginés, desoyendo la instrucción de la Rota e ignorando las decisiones transparentes tomadas por el cardenal de Madrid, don José Cobo, con respecto a una situación tan grave. Por eso, Santo Padre, te suplicamos que mires personalmente esta situación y pidas a los dicasterios correspondientes una intervención clara, decidida y protectora».

El Papa tiene previsto realizar en junio su primera visita pastoral a España. Los firmantes de la misiva le recuerdan que parte de la documentación sobre la investigación de las monjas HAM «ha sido remitida y se encuentra depositada en el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, por tratarse de posibles delicta graviora (graves delitos)».