El Mundo, Crónica, Juan Sardá, 6.06.2010

EL PSICÓLOGO Miguel Perlado ha escuchado 23 historias de dolor y angustia de jóvenes españoles que un día decidieron ingresar en esta «entidad religiosa» legalizada en España. «Crónica» ha estado dentro.

Bajo los diplomas que cuelgan de la pared, sirve como decoración y confesionario un diván de la vieja escuela. Una cama estrecha y desnuda sobre la cual los enganchados a la Cienciología van desgranando, sesión tras sesión, los horrores vividos en la secta que Tom Cruise pregona por todo el mundo. Otras veces son familiares o amigos que, desesperados, acuden a la consulta en busca de un remedio que ponga fin a la pesadilla.

Estamos en el espartano consultorio del psicólogo Miguel Perlado, en Barcelona, donde sólo en lo que va de año el terapeuta ha escuchado 23 historias de dolor y angustia. «Ellos [los cienciólogos] llaman locos o enajenados a quienes abandonan la secta y les someten a una presión brutal en todos los niveles», explica Perlado, que preside la Asociación Iberoamericana para la Investigación del Abuso Psicológico (AIIAP). Ya ha logrado desenganchar definitivamente a una docena de adeptos. «Cuesta mucho encontrar a alguien que quiera hablar. Tienen miedo». Crónica sí ha hablado largo y tendido con un ex miembro de la Cienciología, aunque prefiere ocultar su nombre. El pánico aún le puede.

Romper definitivamente con la secta tiene su precio. El mensaje a los renegados, recuerda Perlado, es claro y contundente: «No tenemos rejas ni usamos pistolas. Puedes marcharte. Pero si te vas tenemos muchos datos íntimos que pueden ponerte en un compromiso». Esta es una de las razones que esgrime Pedro García, quien fue cienciólogo durante cinco años y hoy reniega completamente, para ocultar su verdadera identidad tras un nombre falso. «Conocen todas mis cosas íntimas, entre las que hay asuntos delicados. Si ellos supieran quién soy tienen material suficiente para crearme problemas. Ya he sufrido y ahora quiero tener la sartén por el mango».

Corren, sin embargo, tiempos difíciles para la autoproclamada «religión con mayor crecimiento del mundo» [Según el American Religious Identification Survey, la cienciología había pasado de 55.000 miembros en 2001 a 25.000 en 2008, a pesar de que su presidente mundial, David Miscavige, sostiene que son «millones en Estados Unidos y en el resto del mundo»]. En España, en cambio, su poder puede parecer más inmobiliario que demográfico. Según Iván Arjona, el presidente de la religión en nuestro país, el número de feligreses andará en poco más de 10.000. Cifra que Miguel Perlado rebaja a la mitad. «Siempre exageran», añade. «Con frecuencia practican el trucaje de fotos de sus actos para que parezca que hay el doble de gente en sus reuniones».

A falta de seguidores, la Cienciología puede presumir de poseer un lujoso edificio de 5.000 metros cuadrados en pleno centro de Madrid que costó nueve millones de euros más tres de remodelación. Como ellos mismos predican con gozo, «la inauguración de la Iglesia se produjo a 50 metros de las Cortes». Y es que la búsqueda de la legitimidad como religión ha sido la obsesión de la Cienciología. En España se apuntaron un tanto cuando, en 2007, fueron admitidos en el Registro de Entidades Religiosas, junto al cristianismo o el islam, con las consiguientes exenciones fiscales y tratamiento diferenciado para llegar a acuerdos con el Estado. Su próximo paso, según Arjona, será la compra de un edificio emblemático en el centro de Barcelona, a punto de concretarse. Sin embargo, al contrario que España, sí hay muchos países donde no está reconocida como religión. Como en Reino Unido, Bélgica, México, Israel o Irlanda.

La búsqueda del poder y el dinero son, en palabras del terapeuta, las dos características básicas de la Cienciología. «Hay un sometimiento del otro, un control de sus afectos, sus relaciones e incluso su sexualidad. La idea es que el grupo está siempre por encima del individuo. Y se aprovechan de un momento de crisis». Los test psicológicos gratuitos que ofertan por la calle suelen ser el primer paso por el que muchos acceden a este submundo. A este periodista le diagnosticaron «altibajos emocionales» y le endosaron el consiguiente curso con el que prometen, entre otras, soluciones para los problemas psíquicos. Durante un mes y medio, Crónica estuvo dentro de la secta. Pudimos comprobar que, como mezcla explosiva de religión y manual de autoayuda que asegura «el éxito profesional y social», es carísima. Asistí en primera persona a esa supuesta escalera hacia la sabiduría que sólo se adquiere mediante la resolución de esa suerte de cursos de superación personal recetados tras el test-señuelo.

A razón de 100 euros la pieza, una serie de tópicos basados en el estricto sentido común, se inicia una progresión larguísima que lo conducirá desde la ignorancia hasta, en el mejor de los casos, el principio del clímax: Operating Thetan (OT), estado en el que el alma comienza a vislumbrar la luz. Para llegar a ese punto, que corresponde con el paso del preclear (preclaro) al clear, también son obligatorias las sesiones de audición, una suerte de psicoterapia en la que el feligrés deberá confesar todos sus secretos. Aun así, tras años de gastar dinero y tiempo (la cifra puede llegar al infinito y se calcula en un mínimo de 400.000 euros), al adepto aún le quedarán ocho grados más de OT por avanzar en la Olimpia ciencióloga. Jesucristo o Buda son OTI honoris causa; Cruise, OTVIII, el máximo.

Para Iván Arjona, el timonel de la secta en España -que aún no es clear a pesar de estar vinculado a la secta desde los 17 años y pertenecer a un cuerpo de elite, la Organización del Mar-, la Cienciología no es una religión secretista. «La inmensa mayoría del conocimiento está en los 16 libros de Hubbard que nosotros llamamos los fundamentos. Esos libros están a la venta y disponibles para todo el mundo. Es cierto que hay partes de la Cienciología que son las más sagradas y requieren una preparación del mismo modo que un estudiante de periodismo empieza en primero y no estudia lo de quinto. Se debe nada más que al celo en que se entienda bien lo que enseñamos».

El ex adepto Pedro García, que aún sigue intentando rehacer su vida, lo ha sufrido en carne propia. Conoce perfectamente las enseñanzas de la secta y sus consecuencias. Sus recuerdos estremecen. «En los cinco años que estuve en la Cienciología no pude hacer nada más que trabajar para ellos. Cuando llegué a la treintena comencé a darme cuenta de todo lo que había perdido por su culpa. Antes de entrar dejé a una amiga con la que había posibilidades de formar una pareja y luego ya no encontré a nadie. Había pensado en comprar una vivienda antes de meterme en la secta pero no pude comprar nada porque los cursos lo chuparon todo. Pero el dinero que me quitaron no se puede comparar con el ultraje a mi conciencia, el tiempo robado, mi entrega emocional y mental, los irrepetibles años de mi juventud que pasé allí tirando mi vida por el retrete… Me ha costado muchos años tomar conciencia de lo que fui. Y saberlo resultó muy doloroso». Pero hay más.

Según el psicólogo Miguel Perlado, la Cienciología, a pesar de no ser una secta criminal en la que se cometan abusos sexuales de forma sistemática ni se usen drogas, mantiene unas prácticas no menos peligrosas. «En los rituales de purificación que realizan en saunas utilizan unos complejos vitamínicos muy cargados que diversos análisis han demostrado que provocan confusión y debilitan», explica este especialista. «Y varios estudios de colegas psicólogos y sociólogos, además de mi propia experiencia, han destapado horas de trabajo interminables, maltratos verbales, una actitud vejatoria y abusos psicológicos rozando lo físico. Además de ciertas prácticas que redundan en la hipnosis y la manipulación mental».

Los métodos, otras veces, resultan más expeditivos. «Ellos son habilidosos en crear situaciones de presión y saben aplicar formas de persuasión coercitiva», recuerda Pedro García. «En una ocasión, habían tenido una semana muy mala en ventas y necesitaban subir su estadística. Me recluyeron en una habitación y tuve que comprarles algo para que me dejaran salir».

MAREA DE VÍCTIMAS

La marea de víctimas se propaga más allá de nuestras fronteras. En marzo, The New York Times publicaba en portada la peripecia de dos miembros de la secta que denunciaban abusos, amenazas, explotación laboral, chantaje, daños físicos e incluso la obligación de practicar un aborto.

En Francia, la Cienciología logró zafarse el pasado otoño de su disolución por estafa por una argucia legal que lamentó la propia ministra del Interior: «Este error material no impedirá la disolución de grupos, asociaciones o sectas que hayan cometido fraude», dijo Michelle Alliot-Marie, decidida a terminar con una Iglesia que acumula problemas allí por donde pasa. «Están todo el día metidos en querellas», apostilla Miguel Perlado. En Bélgica la cienciología está siendo investigada. En Alemania, el país de Europa más belicoso contra ella, no es considerada una religión sino una «empresa con intereses comerciales». El ministro del Interior expresó su deseo de prohibirla.

El encuentro de Crónica con el presidente de la Cienciología en España se produce en su despacho, decorado como la sala de conferencias de un Holiday Inn de provincias. Iván Arjona, un chaval de 30 años con aspecto de monaguillo gordinflón y que se autodefine como «ambicioso», quiere dejar claro que no está para bromas y graba la conversación. Dice que lo que ha pasado en Francia se debe a que ese país «tradicionalmente ha estado en contra de la religión». Dice más: «Nos dedicamos a ayudar a la gente. Esto es una Iglesia».

Nunca resulta fácil borrar la experiencia de la mente y recuperar la autoestima, la familia y los amigos tras pasar por la «secta número uno», como califica el psicólogo Perlado a la Cienciología. «La mía», dice, «es una labor de mucho tiempo. Hay que convencer al adepto para que se una a la charla y tener mucha paciencia. Hoy ya no se hacen desprogramaciones como en los años 70 en las que se secuestraba literalmente al miembro de la secta».

La mayoría de los casos que llegan a su consulta lo hacen a través de familiares alarmados porque el adepto vive al margen del peligro que se cierne sobre él. «Lo notan porque sus conversaciones se vuelven monotemáticas, o porque se irrita si le cuestionan la secta, o se encierran y se blindan alegando falta de comprensión. Poco a poco, se van alejando de su círculo habitual y se refugian con otros miembros de la Iglesia», cuenta Perlado.

El desenganche de la secta, aun siendo a petición del adepto o ex adepto, suele ser un calvario que, para su desgracia y la de quienes lo rodean, no todos logran superar. «Algunas familias abandonan; otras sienten que la situación no cambiará nunca; otras tienen miedo…».

La dificultad de recuperación se acentúa porque uno de los puntos clave del corpus teórico de los cienciólogos es el odio a psicólogos y psiquiatras: «Les machacan con la idea de que somos el demonio y llegan muertos de miedo pensando que vas a destrozarlos», explica Perlado. Según documentación interna y secreta de la Cienciología a la que ha tenido acceso Crónica, cuando un adepto firma el Acuerdo General de Asesoramiento Espiritual, que permite participar en los servicios religiosos y es, de facto, el acto de integración en la religión, una de las cláusulas incluye la siguiente frase: «Estoy fuertemente en desacuerdo, como un asunto de principio religioso, con el uso del tratamiento psiquiátrico para cualquiera, incluyéndome a mí mismo».

CRUISE Y SHIELDS

La guerra de los seguidores del creador y padre espiritual de la secta contra los terapeutas adquirió cierta notoriedad cuando Tom Cruise atacó a Brooke Shields después de que ésta explicara a Oprah Winfrey, estrella de la televisión americana, que había tomado antidepresivos. En una de sus frases más célebres, el fundador de la Cienciología, Ron L. Hubbard (1911-1986), escritor de novelas de ciencia ficción estadounidense, con fama de alcohólico y condenado en 1978 a cuatro años de cárcel por la justicia francesa -aunque fue perdonado-, todos los males de la sociedad se basan en «las drogas, la televisión, los psicólogos y los psiquiatras».

Una copia del Acuerdo con Respecto a Expediente Religiosos Confidenciales, a la que ha tenido acceso este suplemento, obliga a firmar: «Estoy consciente de que los denominados fólderes de preclear [carpetas reservadas] así como otros archivos eclesiásticos se mantengan confidenciales para personas no autorizadas».

El castigo por revelar esos misterios reservados a quienes más pagan, tiempo invierten o acumulan mayor poder e influencia en la sociedad (la Iglesia reserva a los famosos sus Celebrity Centers) es terrible y algo pintoresco: «Sería espiritualmente dañino para mí, no sólo en esta vida, también en vidas futuras».

Miguel Perlado y Pedro García, terapeuta y paciente, claman contra una Iglesia que ha destruido vidas y familias. Su próxima estación, Barcelona.