New York Times (Estados Unidos), Debra Kamin, 12.12.2021

Una noche de 2019, mientras unos desconocidos vomitaban a su alrededor, Lynn Cohen tuvo una visión.

Después de que una amiga se lo recomendara, Cohen, de 62 años, viajó desde su casa en Milwaukee hasta Chicago para beber ayahuasca, una bebida psicoactiva de la Amazonía que provoca alucinaciones y al mismo tiempo causa náuseas. Llegó, con su propia almohada y cobija, a una casa privada, donde la recibió un chamán. En la sala, se acurrucó en un tapete para dormir y, en el transcurso de esa noche tan intensa, emprendió un viaje que consistió más que nada en permanecer acostada.

“Me mostraron por qué no soy feliz, y me quedó claro que arrastraba el dolor de mis antepasados”, afirmó Cohen, una terapeuta manual de tejidos profundos que ha luchado contra la depresión durante 20 años. Después de esa noche, dijo que encontró la claridad, y desde entonces ha buscado otros dos retiros psicodélicos, con viajes a Costa Rica y California para vivir experiencias guiadas y prolongadas con alucinógenos.

Los retiros psicodélicos —en países como Costa Rica y Jamaica, donde se permiten muchas sustancias psicodélicas, así como en una red oculta de chamanes en Estados Unidos que comparten drogas y detalles a través de las redes sociales— están experimentando un crecimiento generalizado. Su aumento coincide con la creciente popularidad del turismo del cannabis durante la pandemia.

Las drogas psicodélicas están cobrando fuerza silenciosamente, gracias al creciente interés de algunos profesionales de la salud mental que las ven como una novedosa terapia para la depresión y el trastorno de estrés postraumático. Ese interés se está integrando en la industria mundial del bienestar, que —impulsada por la pandemia de coronavirus y la mayor fragilidad mental que ha traído consigo— alcanzará los 1,2 billones de dólares en 2027, según un informe de Global Industry Analysts.

Hay motivos extraordinarios para ser cautos: los psicodélicos pueden provocar psicosis o problemas de salud mental a largo plazo, sobre todo en pacientes con predisposición a las enfermedades mentales. Esto puede crear un contexto complicado para los proveedores de atención médica, pues muchas personas recurren a los psicodélicos después de haber luchado con alguna forma de depresión o ansiedad. Y en los centros de retiro, cuando los huéspedes no están supervisados como es debido, el potencial de transformación a largo plazo podría tener consecuencias mortales.

“Hay un cambio de paradigma con los psicodélicos, lo que los hace emocionantes. Pero hay que ir despacio”, afirmó Collin Reiff, profesor adjunto de psiquiatría en la Universidad de Nueva York y coautor de numerosas publicaciones sobre compuestos psicodélicos. “El peligro es convertirse en un verdadero creyente y no ser consciente de los peligros que conllevan”.

El año pasado, una mujer británica de 29 años fue a Perú a un retiro de ayahuasca y desarrolló problemas de salud mental al volver a casa. Se suicidó poco después. En 2015, un turista canadiense dijo que había apuñalado hasta la muerte a un compañero que lo había atacado bajo la influencia de la ayahuasca en un retiro psicodélico en la Amazonía. Tres años más tarde, un chamán y otro turista murieron en un doble asesinato en otro retiro cercano. También se han denunciado robos en retiros psicodélicos, así como agresiones sexuales. Las experiencias psicodélicas producen una inmensa vulnerabilidad física y emocional, y algunas mujeres han dicho que los chamanes abusaron de ellas mientras estaban bajo la influencia de las sustancias.

A pesar de estos motivos de preocupación, los retiros han ido apareciendo desde hace más de una década. En la actualidad existen en las playas rodeadas de palmeras de Jamaica, donde los hongos de psilocibina se venden abiertamente, así como en los Países Bajos, donde los hongos psicodélicos son ilegales, pero una laguna legal ha mantenido las trufas psicodélicas a salvo. En México, donde se hacen excepciones para el uso sacramental de los psicodélicos, los viajeros pueden encontrar retiros que ofrecen psilocibina e ibogaína, un potente psicoactivo que puede ayudar a combatir la adicción a las drogas; y en ciudades estadounidenses como Santa Cruz, California, y Denver, donde la psilocibina ha sido despenalizada, las ceremonias con plantas medicinales son habituales. Los precios varían, pero la mayoría oscilan entre 5000 y 10.000 dólares por siete días.

“Toda la conversación cultural en torno a los psicodélicos ha cambiado”, opinó Roland Griffiths, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins y director fundador del Centro Johns Hopkins para la Investigación de la Conciencia y la Psicodelia. “Eso me preocupa, porque creo que estamos subestimando los riesgos que conlleva”, explicó. “La cuestión de los centros de retiro es: consumidores, tengan cuidado”.

Los defensores de los retiros psicodélicos los describen como lugares de transformación vital, donde las drogas se incorporan a programas de un día o una semana de duración que incluyen la preparación, la experiencia psicodélica y luego un proceso de integración que puede aplicarse durante semanas y meses después. Algunos asistentes a los retiros recuerdan momentos de terror, dolor y claridad abrasadora. Sin embargo, para muchos, hay una idea en común: las drogas, por la razón que sea, pueden poner en marcha un verdadero cambio de comportamiento o de perspectiva mental tras meses o años de estancamiento.

Channa Bromley, una experta en relaciones de Nueva Escocia, viajó a OM Jungle Medicine en Costa Rica para participar en una ceremonia de ayahuasca en diciembre de 2020 con la esperanza de reconciliar los traumas de su infancia. Al principio, se sintió decepcionada.

“No experimenté mucho. Pero lo que sí obtuve fue un sentimiento de comunidad. Siempre me había sentido como una oveja negra en Canadá. No es una conversación normal querer explorar la profundidad de tu conciencia”, comentó.

Ese sentimiento de comunidad fue tan conmovedor que Bromley ahora vive en Costa Rica como nómada digital y asiste a múltiples ceremonias psicodélicas al mes, donde toma diversas sustancias, como psilocibina y kambo, una toxina secretada por ranas tropicales.

“Ahora mismo hay mucha confusión entre el ambiente de fiestas recreativas y el ambiente ceremonial de la medicina basada en herbolaria”, dijo. “La mentalidad tiene que ser de participar para sanarse”.

En Estados Unidos, los organizadores de los retiros se comunican con los participantes a través de Signal, Telegram y WhatsApp, dijo Craig Gross, empresario y exevangelista cristiano que ha organizado varios retiros psicodélicos en el norte de California. Los organizadores luego rentan un Airbnb en alguna ciudad en donde el consumo de drogas esté despenalizado. “Alguien le cuenta a un amigo y alguien más trae a su ser querido y es un efecto dominó”, dijo. “No necesitas hacer publicidad”.

En los peores de la pandemia, Gross y su familia vivieron en Rainbow Ridge, un centro de retiros psicodélicos cerca de Santa Cruz, y ofrecieron 30 retiros de psilocibina para un puñado de personas en cada ocasión. Nunca cobró a los participantes. Desde entonces ha vendido su casa, con valor de 1,3 millones de dólares y retiró su fondo de jubilación.

“El dinero volverá de distintas formas”, dijo Gross. “Le dimos esto gratis a más de 300 personas y el cambio vital que resultó fue una cosa evangelizadora que no necesitó una iglesia, una Biblia o una religión”.

“Todas estas cosas que eran subterráneas han empezado a salir a la superficie”, dijo Gross.

Muchos asistentes a retiros psicodélicos dicen que la lectura del libro de Michael Pollan de 2018, How to Change Your Mind (“Cómo cambiar tu mente”), que explora la ciencia de los psicodélicos en el tratamiento de las enfermedades mentales, fue un punto de inflexión. Scott Ropp, de 49 años, un ejecutivo de atención médica, es uno de ellos. Asistió a un retiro psicodélico con su mujer, Lena, después de leer ese libro, un acontecimiento que, según la pareja, cambió su vida, hasta el punto de que ahora están construyendo un complejo turístico en Costa Rica.

Esperan abrir su complejo selvático y sostenible, Wilder, en 2023, en la costa del Pacífico. Lena Ropp, cocinera de alimentos crudos, impartirá cursos sobre alimentación basada en plantas; el retiro también incluirá una granja de permacultura, surf, sesiones de formación en atención plena y experiencias psicodélicas dirigidas por chamanes.

“No se trata solo de ofrecerle a la gente experiencias divertidas, sino experiencias curativas”, aclaró Lena Ropp. “Es muy difícil ayudar a tu cabeza solo con un jugo recién exprimido”.

Durante la pandemia, algunos dueños de retiros dijeron que había tanta demanda de servicios que siguieron ofreciendo los programas porque sintieron que el beneficio era mayor que el riesgo.

En enero de 2019, Amanda Schendel, de 39 años, abrió The Buena Vida Psilocybin Retreats, un colectivo itinerante de retiros psicodélicos de cinco y siete días realizados en resorts de lujo en México. Los retiros incluían trabajos de respiración, hipnosis y comida gourmet; los asistentes reciben chequeos de salud mental y cardiovascular antes de acudir. Cerraron en marzo de 2020, pero en junio volvieron a abrir.

“La cantidad de vidas que siento que esto ha salvado y cambiado de un modo drástico y significativo, me hizo sentir capaz de asumir ese riesgo”, dijo Schendel. “La gente que vino en 2020 y se sintió como ‘Sí, sé que hay una pandemia y estoy arriesgando mi vida, no obstante lo que he estado sufriendo es tan severo que estoy dispuesto a tomar el riesgo”.

Schendel trabaja con curanderos que manejan medicina tribal local, quienes le ayudan a obtener los psicodélicos y a dosificarlos para sus participantes. Pide que los participantes llenen un formulario de admisión médica que evalúa la aptitud física y mental, luego identifica cualquier solicitud que pueda presentar un riesgo y se la pasa a un médico del personal. Aproximadamente el diez por ciento de los solicitantes de sus retiros al final no son admitidos. Toda la industria de los psicodélicos debe estar alerta, dijo.

En su caso no ha habido crisis psicológicas ni emergencias de salud, dijo. “En cuanto uno salga mal o se cometa un error eso derrumbaría una casa de naipes que muchos de nosotros llevamos años construyendo”, dijo.

En OM Jungle Medicine en Costa Rica, la socia administradora Angel Twedt —una ex enfermera que cree que los psicodélicos le curaron la esclerosis múltiple— maneja la logística y opera el espacio físico. Para la dosificación de los psicodélicos ella también se apoya en los chamanes locales y dice que confía en su conocimiento ancestral.

“Hay algo muy especial en sentarse con una tribu que ha hecho este trabajo durante muchas generaciones”, dijo. “Su conocimiento surge de un lugar que es mágico, puro y auténtico. Te hace sentir realmente seguro”.

Griffiths, el médico de Johns Hopkins, dijo que aunque es bien recibida la eliminación del estigma antiguo en torno a los psicodélicos, también insta a los viajeros a asegurarse de que cualquier experiencia psicodélica se realice bajo el cuidado de un equipo médico aprobado, con una evaluación y supervisión adecuadas.

La Asociación Estadounidense de Psiquiatría, dijo Reiff, trabaja en una declaración normativa que indica que la investigación sobre los psicodélicos es prometedora, pero que aún no recomienda a nadie que la pruebe fuera de un ensayo clínico. “Apoyo por supuesto los psicodélicos”, dijo. “Creo que son fascinantes. Pero estas son medicinas, no drogas recreativas”.