El Mercantil Valenciano (España), Teresa Domínguez, Ignacio Cabanes e Iván Checa, 18.03.2022

La secta destructiva desmantelada el martes por la Policía Nacional en una masía de Vistabella del Maestrat (l’Alcalatén), tal como adelantó ayer en exclusiva Levante-EMV en su edición digital, sometió durante años a sus adeptos a todo tipo de aberraciones sexuales, cometidas tanto sobre menores como sobre adultos, quienes además perdieron buena parte de su patrimonio en beneficio del presunto líder de la comunidad, a quien todos veneraban como ‘Tío Toni’.

Ese hombre, Antonio G. L., de 64 años, que se proclamaba como «enviado de dios», se inició como curandero especializado en la imposición de manos -maestro reiki- hace unos 30 años, en una consulta montada en su domicilio. Ese fue el germen de lo que ahora la Policía y la jueza han desmantelado como secta destructiva, lo que ha permitido resarcir y/o liberar al menos a 12 víctimas.

Fuentes conocedoras de la investigación han revelado a este diario que, a partir de esos primeros ‘clientes’ de la consulta casera, Tío Toni fue captando a los familiares de aquellos y, hace alrededor de dos décadas, se trasladó con ellos a la masía La Chaparra, a ocho kilómetros del casco urbano de Vistabella en la que ha intervenido ahora la Policía.

A lo largo de todo este tiempo Antonio G. L. ha utilizado siempre la misma estrategia de captación: convencer a sus víctimas de que, la unión de todos y su propia ‘capacidad divina’, lograrían la sanación de niños enfermos y procurarían una sociedad mejor.

De momento, son nueve los detenidos, cuatro hombres y cinco mujeres, entre los que figura el líder espiritual del grupo, autor, entre otras cosas, de dos libros de autoayuda revestidos de experiencias sensoriales y espirituales que utilizaba a modo de ‘biblias’ con sus acólitos. Los arrestados están investigados por corrupción de menores, abusos sexuales, agresiones sexuales y contra el patrimonio.

Las detenciones fueron practicadas a primera hora del pasado martes, en un amplio operativo policial en el que intervinieron no solo los investigadores, sino también unidades de asalto de la Policía Nacional, el helicóptero de la Jefatura Superior de Policía de València y tres ambulancias, y que ha permitido recuperar numerosas pruebas en contra del presunto cabecilla y del resto de los integrantes de esta secta, algunos de ellos víctimas convertidos en abusadores tras permanecer años en el grupo.

La Generalitat asume la tutela de los niños

Entre los liberados el martes figuran dos menores, un niño de 8 años y una niña de 13, cuyos padres permanecen detenidos, por lo que la Generalitat Valenciana ha asumido de manera temporal su tutela por la vía de urgencia.

La investigación, dirigida por el grupo de sectas de la Comisaría General de Información y la unidad central de atención a la familia y a la mujer (Ucfam) de la Comisaría General de Policía Judicial, con el apoyo de la Brigada de Información y de la de Policía Judicial de la Comisaría de Castelló, comenzó en noviembre pasado, después de que cuatro víctimas que habían abandonado la secta relataran a un psicólogo forense y a una psiquiatra lo que habían vivido.

Las víctimas, muy afectadas psicológicamente y con estrés postraumático, aseguran que algunas de las prácticas sexuales y rituales eran grabados. De hecho, la Policía intervino en la masía abundante material audiovisual –vídeos y fotografías– que ahora está siendo analizado para tratar de identificar a nuevas víctimas.

Según las investigaciones el líder de la secta sometía a las niñas de la comunidad presuntamente a abusos y agresiones sexuales a partir de los 15 o 16 años, primero con aparatos sexuales –también intervenidos por la Policía– y después con acceso carnal. Todo ello, en presencia de miembros de la secta y disfrazado con la excusa de que las debía iniciar en la sexualidad. Y grabado.

Principalmente a las féminas

Aunque la mayoría de las víctimas eran féminas, también se han registrado casos de abusos sexuales en niños varones.

En cuanto a los adultos, el patrón era el mismo. La preferencia del ahora arrestado eran las mujeres, con las que Tío Toni tenía relaciones sexuales a espaldas de sus parejas, mientras a ellos los sometía a largas jornadas de trabajo para mantener el sustento de la comunidad. En estos casos, obviamente, el consentimiento sexual habría estado viciado por la anulación volitiva que el inculpado ejercía sobre sus adeptos.

Pese a esa inclinación por las mujeres, las denuncias recogen delitos sexuales puntuales sobre hombres adultos, disfrazados de sesiones espirituales.

Además de los abusos sexuales, según denuncian las víctimas, Tío Toni los sometía a humillaciones ante el resto de miembros de la comunidad como castigos ‘ejemplares’, que en ocasiones delegaba en su círculo más cercano como brazo ejecutor de esos castigos verbales y emocionales.

Con todas esas estratagemas, coronadas por su ‘contacto con dios’, conferían el supuesto cabecilla una autoridad extraordinaria sobre todos y cada uno de los miembros de la comunidad, incluidos los niños, sobre quienes ejercía una influencia muy superior a la de sus propios padres.

Tras reunir todas las evidencias contra el líder y sus acólitos, los investigadores decidieron intervenir para detenerlos y liberar a sus víctimas, que hasta el momento son doce, aunque la Policía sospecha que hay muchas más.

Registrados la masía y una casa

Durante la operación policial desarrollada el martes, no solo se registró la masía, sino también una vivienda de planta y piso en Castelló, propiedad al parecer del cabecilla. En los registros, además de los consoladores que usaban con las adolescentes y el material audiovisual, los agentes confiscaron efectos de tipo religioso que el líder y sus discípulos utilizaban en sus ‘sesiones’. Así mismo, confiscaron dinero en metálico, joyas, relojes y otros efectos valiosos que Tío Toni supuestamente compraba con los salarios de sus víctimas, además de agendas con anotaciones que están siendo analizadas.

Los nueve detenidos pasaron a disposición de la jueza de Instrucción número 6 de Castelló, que está dirigiendo la investigación, a partir de las 11.00 horas de ayer y, al cierre de esta edición, todavía no había concluida la ronda de toma de declaraciones, por lo que no se había producido ninguna decisión sobre su situación procesal

La secta de ‘Tío Toni’: aislados bajo un manto de silencio

Una comuna con cerca de una treintena de personas, muchos de ellos niños, viviendo juntos en una enorme masía vallada en un paraje natural de una localidad del interior de Castelló, en Vistabella del Maestrat, alejados de la mirada de curiosos que pudieran poner en peligro su forma de vida. Sin apenas relacionarse con el resto de vecinos salvo para cuestiones imprescindibles como la compra de alimentación, la escolaridad de los menores y los distintos trabajos remunerados que algunos de sus miembros desempeñaban fuera, dinero que iba destinado a la comunidad y a los caprichos del líder de la secta, como coches y artículos de lujo. «Vosotros también disfrutaréis algún día de esto», les decía el llamado ‘tío Toni’ a sus fieles.

Una de las prioridades del cabecilla de la secta desmantelada esta semana en Castelló era la discreción, de ahí que no hiciera proselitismo fuera de su entorno, y que fueran sus acólitos los que fueran captando a fieles entre sus familiares. Entre ellos había un pacto de silencio para no revelar las prácticas que allí tenían lugar.

Puntualmente los fines de semana acudían más personas, que aunque no vivieran en la comunidad se estaban iniciando o que a través de algún familiar se querían acercar a este líder espiritual.

Vecinos de la zona relatan que cuando alguien ajeno a la comunidad se acercaba por cualquier motivo —algunos porque simplemente estaban recolectando sectas— a sus enormes instalaciones valladas, miembros de la secta, que actuaban a modo de vigilancia, les instaban de malas formas a que no podían entrar remarcando que se trata de una propiedad privada. Además, cuando operarios del servicio de residuos acudían a llevarse la basura tampoco les dejaban entrar a las instalaciones. Lo mismo le ocurrió a unos trabajadores que fueron a llevar cemento a esta masía.

La extensa finca rural se encuentra rodeada de una gran arboleda que contribuye a impedir la visibilidad del interior. Así, en la entrada hay cámaras de seguridad y un cartel alertando de perros peligrosos para disuadir a posibles curiosos. La masía, llamada ‘La Chaparra’, cuenta con cuadras, caballos y una zona de juegos para niños con columpios. Según las fuentes consultadas por este periódico, el líder de la secta extremaba al máximo las atenciones a los menores, a quienes consideraba pieza fundamental de su doctrina. «Ellos son el germen del futuro», les trasladaba a sus fieles, aunque una vez llegados a la adolescencia abusara presuntamente de las niñas bajo la excusa de educarlas en el inicio a su sexualidad.

Para evitar denuncias los niños que vivían en la comunidad estaban debidamente escolarizados, aunque se limitaran a ir simplemente a clase y no acudieran a ningún tipo de actividad extraescolar. Vecinos de Vistabella relatan que los miembros de la supuesta secta salvo para ir al ambulatorio, a comprar o a trabajar, apenas se les veía por el municipio.

Dentro de la comunidad cada miembro tenía unos papeles asignados, trabajos en el campo —con largas jornadas para mantener ocupados a los hombres—, artesanales o ayudando en las terapias del líder. En esta función el ahora detenido como presunto cabecilla utilizaba a las adolescentes del grupo, a quienes previamente adoctrinaba y para las que él tenía un papel de autoridad muy por encima de sus propios padres.

El presunto cabecilla de esta secta difundía unas ideologías místicas basadas en la New Age, que promueve el ocultismo y la brujería, creencias en ‘seres de luz’ que le transmitían su mensaje, y se presentaba ante sus adeptos como ‘el enviado’. Todo ello aderezado con tintes de corte cristiano. De hecho, al entrar en la secta los fieles eran bautizados con nuevos nombres, todos ellos bíblicos.