TN Internacional (Argentina), Matías Bauso, 10.05.2026
Los Sullivanians fueron una comunidad instalada en pleno Nueva York a mediados del siglo XX que llegó a reunir a más de 600 integrantes bajo una estructura marcada por el control psicológico, la manipulación y prácticas extremas que durante años permanecieron ocultas.
El proyecto comenzó a mediados de los años 50 como una comuna. Vida en conjunto, una pequeña sociedad en la que los participantes compartían grupo de terapia, tiempo, valores y vida. Casi sin que nadie lo percibiera se transformó en un culto, en una secta en la que Saul B. Newton, su líder, actuaba como un tirano voraz, megalómano y predador sexual.
Los Sullivanians se instalaron en el Upper West Side de Manhattan y camuflándose bajo la apariencia de una sociedad psicoanalítica, lograron derribar uno de los orgullos de Nueva York. Siempre comparándose con Los Ángeles, muchos neoyorquinos solían decir que los cultos no eran cosa de su ciudad. Los Sullivanians quebraron ese invicto.
Saul B. Newton nació en 1906. En su juventud se volcó al activismo y militó en el comunismo. Peleó en la Guerra Civil Española y luego regresó a Estados Unidos. No tenía un medio de vida estable. Tampoco sus relaciones eran serenas. En pocos años se casó y se divorció tres veces.
La tercera esposa fue Jane Pearce. Se conocieron en el William Alanson White Institute, un prestigioso centro de psicología y psiquiatría fundado por el psiquiatra Harry Stack Sullivan. Jane era una de las psiquiatras del equipo; Newton trabajaba en la contaduría. Varios años después de la muerte de Sullivan, Pearce y Newton fundaron su propio centro y para bautizarlo utilizaron el apellido del maestro de Pearce: Sullivan Institute.
Sus propias reglas
Newton de Harry Sullivan sólo sacó el nombre. Ni los métodos ni los objetivos eran similares pero aprovechó para endosarse el prestigio del psiquiatra. Newton, un pequeño detalle, ni siquiera era psiquiatra o psicólogo. Nunca había estudiado. Eso no le impidió forjar una sociedad psicoanalítica que instaba a la vida en comuna.
Aunque su grupo tomó rápidamente el nombre de Sullivanians, Pearce y Newton creían que Sullivan, su mentor, había estado algo tímido en sus respuestas y proposiciones profesionales. Sullivan creía que era fundamental entender al paciente según su entorno y como se relacionaba con sus seres más cercanos y con los lugares en los que se desenvolvía. Newton sostenía que Sullivan se había quedado corto en sus formulaciones, que no había dado el paso fundamental indispensable. Lo acusaban de ser timorato, de aceptar las limitaciones de la sociedad. Lo que ellos proponían era revolucionario: cambiar la sociedad.
Esa idea, como quedaría demostrado después, más que la ambición de Newton, mostraría su mesianismo.
En sus primeros tiempos la pareja estableció que el objetivo primordial del instituto era lograr el bienestar mental y el crecimiento de los participantes a través de modos nuevos de educación y de convivencia. Luego de conseguirlo dentro de su comunidad tenían pensado llevar el método, extenderlo, hacia toda la sociedad.
Había un presupuesto básico, una idea que primaba y que guiaba cada uno de sus movimientos y terapias: la familia como fuente principal de cada trastorno psiquiátrico, era el origen de los problemas mentales. Por eso había que renegar de la familia de origen, separarse de ella y alejar lo más pronto posible a los hijos de las madres.
Otro veneno para los individuos era la fidelidad conyugal. Por eso el grupo promovía el amor libre, las relaciones sexuales no monógamas. Aún dentro de la terapia. Las relaciones sexuales entre doctor y paciente, aún dentro de las sesiones, eran frecuentes y hasta alentadas. Decían que era una manera de cumplir con uno de sus ideales: el acercamiento entre terapeuta y paciente, que en el tratamiento no hubiera una distancia reverencial.
Afirmaban que cada persona, a través del tratamiento adecuado, debía convertirse en una especie de guerrillero que luchara contra el orden capitalista y que derrumbara la unidad fundamental del sistema: la represiva institución familiar.
En la comunidad, además de las terapias y de los postulados del líder Saul Newton, otro factor importante era el alcohol que era visto como un elixir y se incentivaba su consumo para desinhibir a los participantes.
Las mujeres debían pedir permiso para embarazarse. No era una elección que dependiera de ellas sino de Newton y los terapeutas principales. La autorización, cuando llegaba, venía acompañada de un ordenado listado de hombres con los que la mujer debía mantener relaciones en días sucesivos. Esa variedad tenía el fin de que no se supiera quién era el padre del bebé. Así nacieron varios chicos cuya paternidad sólo se puede atribuir a los Sullivanians en conjunto. Cuando crecieron muchos de ellos salieron en busca de su padre, en busca de restituir su identidad, a través de múltiples análisis de ADN para averiguar quién había sido su progenitor.
Una vez que los chicos nacían eran alejados de las madres y criados por otras mujeres para evitar el apego y lo que Newton consideraba las malas influencias de las madres, para deshacer de entrada lo que él llamaba un vínculo enfermizo y tóxico.
Ese odio hacia las madres, la aversión hacia el vínculo materno, surgía de circunstancias biográficas. Tanto Newton como su tercera esposa tuvieron relaciones muy conflictivas con sus madres; él hasta fue abandonado por ella.
Dee Dee Agee, la hija del escritor James Agee, por indicación de un terapeuta de los Sullivanians dejó a su hijo de 5 años pupilo en una escuela. Cuando el padre se enteró, lo sacó y se llevó al niño a su casa a vivir con él. Pero Dee Dee y un grupo de sus compañeros Sullivanians irrumpieron en el hogar del ex esposo de la joven, secuestraron al nene y lo dejaron de nuevo en la escuela para que viviera allí. Varios años después Dee Dee dio a luz otro niño. El padre era alguien indeterminado de la comunidad. Apenas el bebé comenzó a llorar ya sea por sueño o por hambre, los líderes de la secta se lo arrancaron de los brazos a la madre sosteniendo que la mujer lo estaba manipulando para que él dependiera de ella y que esas conductas debían ser cortadas de cuajo. Dee Dee Agee suplicó a Newton y a su sexta esposa para que la dejaran estar con su hijo. Pero sólo se lo permitieron, con horarios acotados, cuando ella aceptó tener sexo con ambos.
En una de las varias viviendas del grupo, una en la que sólo se alojaban mujeres jóvenes, había un vibrador de uso comunitario. Con la excusa de que no fuera robado por nadie, había una lista pegada en la pared de la sala principal en la que se registraba quien había hecho uso del juguete sexual con indicación de la fecha y la hora.
Cuando la pareja fundadora se disolvió, Newton logró que Pearce se alejara del grupo. Una especie de destierro que le dio el poder total. Luego se casó por quinta y sexta vez. En ese reino del amor libre, las esposas de Newton eran las únicas que no tenían permitido las relaciones sexuales abiertas. En cuanto a sus esposas, Newton se mostraba tradicionalista. Sólo en relación a ellas. Mientras tanto él tenía sexo con casi todas las mujeres del grupo. Muchas contaron que en medio de las sesiones hacía que le practicaran sexo oral, convenciéndolas de que la práctica era parte de la terapia.
Entre los más de seiscientos miembros que llegaron a tener hubo varias celebridades, además de profesionales muy exitosos en sus rubros. La cantante Judy Collins, el escritor Richard Price, el cineasta Wes Craven, un guitarrista de Steely Dan, músicos de varias bandas de rock de moda en los sesenta, la bailarina Lucinda Childs y el pintor Jackson Pollock. También había abogados, ingenieros, médicos, periodistas.
Algunos de los que conocieron a Pollock están convencidos de que el pintor se unió a los Sullivanians por la tentación que significaba la posibilidad de tener sexo todo el tiempo con diferentes mujeres.
La oferta de los Sullivanians era muy tentadora para los jóvenes de la Nueva York de los años setenta. Para algunos casi irresistible: fiestas, sexo, la conjugación de ambas, orgías, alquileres muy baratos en sus propiedades y terapia psicoanalítica accesible. Casi lo que cualquier joven urbano de ese tiempo anhelaba.
“En un punto era algo muy seductor. Las chicas abundaban y uno podía acceder a ellas con facilidad. Era vida sexual inmediata. Era como si alguien hubiera abierto las puertas del cielo”, dijo el escritor Richard Price para justificar su entrada al grupo cuando era un joven estudiante de escritura.
Si las relaciones sexuales con cualquiera eran fomentadas, los líderes combatían las relaciones amorosas. Los vínculos románticos eran mal vistos y hasta vetados. La fidelidad y las relaciones monógamas eran vistas como un yugo del sistema capitalista que ellos decían combatir.
Jackson Pollock y muchos otros varones que integraron los Sullivanians eran fanáticos de estos preceptos porque les permitían engañar a sus esposas con apoyo de una autoridad y sin sanción moral.
Los principios y tradiciones de los Sullivanians, visto de lejos, eran similares a los de otras comunidades y proyectos colectivos de ese tiempo: vida en común, apoyo al socialismo y crítica al capitalismo, crianza colectiva, poliamor. Como en otros de esos grupos devenidos en sectas, el líder se aprovechaba de la confianza y de la indefensión de los participantes y terminó creyéndose una especie de dios, de ser todopoderoso con derecho a disponer de la vida de los otros.
Newton se convirtió en el jefe absoluto de la existencia de sus pacientes/participantes. Llegó a tener un control total, obsesivo ( y abusivo) sobre los miembros de la comunidad. Sobre sus vidas sexuales, hábitos sociales, sobre el dinero que ganaban y cómo lo gastaban, o sobre cómo se relacionaban con sus hijos (en realidad en qué momento debían dejar de relacionarse con ellos). La comunidad se convirtió en una secta. Esa entidad social que pretendía ser virtuosa y superadora se convirtió en una usina de abusos psíquicos, físicos y sexuales, de explotación económica y fraudes, de abandono de niños y de lavado de cerebros. Como escribió Alexander Stille en su libro sobre la historia del grupo fundado por Newton, “el de los Sullivanians fue otro de los proyectos utópicos de liberación social del Siglo XX que terminaron convirtiéndose en atroces experiencias totalitarias”.
Era tal el rigor disciplinario que ejercía el líder que, tiempo después, alguien lo comparó con la Stasi, la policía secreta de Alemania Oriental. Pero ese expaciente de Newton no se quedó allí, dijo que los Sullivanians superaron a la Stasi porque no sólo ejercían control sobre lo que hacía la gente sino también lo que pensaban; en las sesiones los hacían confesar.
Más avanzados los años sesenta con la contracultura floreciendo, los Sullivanians fundaron un teatro que mezclaba obras de vanguardia con textos de protesta: The Fourth Wall Theater.
Ya entrada la década del ochenta, el grupo fue afrontando diversos problemas. El envejecimiento y la pérdida de lucidez (y de su control absoluto) de Newton, deserciones, investigaciones policiales, juicios por paternidad y el correlato de todas ellas que era la permanente publicación de notas periodísticas de denuncias sobre los diferentes fraudes, delitos y abusos de los Sullivanians. Al menos cuatro de los profesionales de la salud que atendían allí perdieron sus licencias en esos años.
Perdieron seguidores y comenzaron los inconvenientes económicos. Fueron rodeados por la prensa, la justicia y los familiares de viejos participantes. Newton, ya afectado por el Alzheimer, no se enteró del declive. En su nebulosa mental creía seguir ejerciendo como amo y señor de la vida de los Sullivanians.
Murió en diciembre de 1991 a los 85 años sin haber tenido que rendir cuentas ante la justicia. Y habiendo arruinado centenares de vidas.