Sport (España), Miriam Cosa, 14.02.2023

En una cervecería típica irlandesa, muy cercana a la sede del Partido Popular en Génova, Madrid, espero bajo los mínimos grados de febrero una aparición estelar. Llega tarde, pero cuando llega se nota. Pasa por delante de mí como si yo no existiera -y eso que nos estamos esperando-. Alrededor de 1,80, vestido completamente de negro, elegante, patillas al más puro estilo Belcebú y un sello en la mano tan oscuro como su ropa. Entro al garito detrás de él. Para ser sinceros, todo esto parece una cita Tinder.

El imponente chico es Miguel Pastor, un joven de 28 años, estudiante de Doctorado, que se ha convertido en el referente de la primera asociación satanista de España reconocida por el Ministerio del Interior, ‘Satanistas de España’, con unas 200 personas afiliadas en todo el país. La corriente de Pastor: el satanismo ateísta (aunque en su asociación dan cabida a todo tipo de sensibilidades).

Llevo días pensando qué es lo que me va a contar. No tengo ni la más remota idea de qué va esto y él tiene miedo de que en este reportaje se le defenestre. Por eso, cuando contactamos, me pregunta que qué es lo que quiero hacer. «Saber, saber de qué va esta historia», le contesto. Enseguida ponemos fecha. Y la noche promete, promete mucho.

Con una O’hara en mano nos sentamos en la mesa más apartada de un bar lleno de testosterona ‘after work’. Entre tipos jugando a los dardos y grupetes echándose risas, Pastor me habla de lo que es el satanismo para él. Todo muy ‘random’. «La asociación se ha ido mascando desde hace 5 años. En 2019 empezó a cobrar forma con satanistas que nos fuimos conociendo a través de las redes sociales y se planteó la creación como una especie de foro donde intercambiar ideas, eventos, reivindicar nuestra igualdad de derechos, tumbar algunos falsos estereotipos sobre el satanismo e intentar estar en el registro de entidades religiosas, algo que sigue en proceso», comenta.

Pastor sintió desde la adolescencia mucho interés por las religiones, «antes de empezar la universidad me había leído la Biblia dos veces y también El Corán. Siempre me ha interesado mucho la mitología escandinava, griega, los orígenes del cristianismo. Ahí, con 16 años me topé con los primeros textos del satanismo, pero ya, con otra mentalidad, con 19 o 20 años, descubrí y me sentí identificado con lo que leía. No tuve una conversión, simplemente me di cuenta de que era satanista».

Pero en general, las personas que siguen la corriente satanista tienen su propia forma de llevar las cosas. Hay distintas perspectivas. Según Pastor, » mi satanismo es un picoteo de diversos autores. Para mí, Satán no deja de ser una figura muy parecida al Prometeo de la mitología griega pero relacionada con los instintos, la carnalidad, la búsqueda de placer, de libertad, de conocimiento…». La idea, siempre, llegar a ser la mejor versión de uno mismo. Pero, ¿esto no es subjetivo?

«Yo entiendo a Satán como una personificación de varios aspectos de mi inconsciente, incluyendo los oscuros. Mi forma de satanismo es ateísta, para mí Satán no existe como una identidad real inteligente, más bien es una inspiración y me da aspectos útiles para poder trabajar conmigo mismo y llegar a mi mejor versión. En mi día a día intento estar muy atento a todos los condicionantes que pueden afectar a mi vida y que me alejen de mí mismo por cuestiones políticas, biológicas, familiares…», asevera.

Pero el joven, al contrario que sus principios, no es apolítico. Parece que hasta en el satanista queda el poso de la cultura, la tradición… Él vota, «al menos malo», pero vota. Por lo tanto, sí que hay cosas que todavía no puede controlar, aunque parece que trabaja en ello. «En mi forma de ver el satanismo lo que impera es llegar a ser realmente quien eres, llegar a la versión más elevada de uno mismo. Hay varias formas de entenderlo, es lo que llamamos autodivinación, intentar convertirte en tu propia deidad. En el satanismo adorar a Satán no está bien visto, es como si tú te pusieras por debajo de algo y atenta contra la búsqueda intensa de la libertad personal», comenta, para añadir que pese a votar en las elecciones «intento no perder el foco o alienarme».

Magia, manipulación y sexo

Libertad, autodivinación… pero ¿qué hay de los estereotipos, de los satanistas que matan animales, que violan vírgenes, que hacen orgías sin parar, de los que practican el ocultismo?. Prácticamente nada. La parte del ocultismo y la «magia» para ellos puede ser algo más unido a la psicología y el conocimiento que otra cosa. Y lo de las orgías… bueno, la libertad sexual es, según Pastor, «lo que más se puede asemejar a lo que piensa la gente de nosotros. Tenemos una visión muy liberal de la sexualidad. Todo se trata de conocer qué es lo que más se ajusta a ti. Homosexualidad, relaciones abiertas, poliamor, BDSM… es una de las partes de verdad».

A través de rituales y «magia» también hacen su camino para conseguir ese objetivo de llegar a ser la mejor versión de uno mismo. «En cierta manera queremos ser un dios, dejar de ser creaciones para empezar a ser creadores». El joven cree que vivimos en un mundo en el que hay demasiadas narrativas a las que agarrarse, por lo que hay que intentar «que no te lleven por delante».

Así pues, Pastor señala que «intento trabajar mucho en lo que es mi inconsciente. En la magia, lo que es el ocultismo, hay un enfoque para trabajar con lo sobrenatural, uno mixto y otro más psicológico. Mediante estos actos simbólicos se puede conocer el inconsciente de uno mismo y que le de pistas para llegar al objetivo».

Las prácticas ocultistas de Pastor no conllevan sacrificios, por lo menos no sacrificios humanos o animales, lo que hace es muy difícil de resumir y, sobre todo, de comprender. «Entendemos la magia como el arte de provocar cambios conforme a la propia voluntad», dice. Si lo banalizamos y resumimos al límite, Pastor habla de la histórica manipulación. «Depende de cómo se enfoque es manipular o no. Puede ser cambiarse a uno mismo. Desde nuestro lenguaje, la publicidad y el marketing serían una forma de magia enfocada al exterior».

«Soy satanista, ¿y qué?»

El joven estudiante no quiere entrar en detalles morbosos sobre el asunto, sabe que lo que tiene ‘chicha’ luego le vuelve como una suerte de boomerang a través de las redes sociales. Los troles no cesan en su empeño ni con los satanistas. Y Pastor es una de sus dianas favoritas. Le han llegado a enviar fotos de Torquemada por felicitar el cumpleaños a alguien en redes. Así, se muestra reservado ante ciertas preguntas llegando incluso a comentar que está dando demasiados aspectos de su personalidad. Lo que sí reconoce es que, como en toda religión, fechas concretas, como los equinoccios, son perfectas para realizar rituales.

Y aunque abogue por el individualismo, no tiene problemas en reconocer que sus pensamientos, su religión y su forma de vida no están exentos de poder relacionarse en todo tipo de formas, casarse, tener hijos… «No tiene nada que ver», sentencia.

Le pregunto que qué piensa de sí mismo. La respuesta es contundente: «Me considero una persona que intenta formarse, que busca estar en un proceso de refinamiento constante y que entiende la autodivinización no como un punto al que llegar sino como un camino. Soy una persona muy ambiciosa y autoexigente. También soy muy leal, porque precisamente al estar expuesto de esta forma, recibiendo tratos agresivos, y no tengo problema en tratar a la gente con reciprocidad. No le debo respeto a la gente que no me respeta. No tengo nada de lo que avergonzarme, soy satanista, ¿y qué?»

Y es en esta parte de la conversación donde vamos a parar a otra máxima del satanismo, el ojo por ojo es algo que Pastor lleva dentro. La justicia a través de la venganza. «Me esfuerzo por no hacerle mal a personas inocentes o que no han buscado hacerme daño. Hay accidentes, equivocaciones… pero he podido intentar perjudicar a personas que me quieren hacer daño», señala, a la vez que asegura que hay que tener un conocimiento real de las cosas, saber distinguir la realidad. «La venganza no me parece mala, puede que a veces no puede valer la pena, pero no me parece algo innoble. Hay que tener mente fría y estar seguro de la circunstancias. Estoy a favor de la venganza dentro de la frialdad y la madurez». Y sí sería capaz de matar a alguien, parece que tiene la respuesta clara: «No voy a decirte que no, tendría que verme en la situación. Según que circunstancias puede que sí».

Neutralidad y libertad religiosa

Más allá de los aspectos más intrínsecos de la persona, desde su condición de presidente de ‘Satanistas de España’, ayuda a los socios a adquirir todos los conocimientos posibles sobre el satanismo, además de abogar «por la neutralidad y libertad religiosa». Pese a que España es un país aconfesional, desde la organización creen que esto no se lleva a la práctica. «En la Constitución viene muy bien reflejada la igualdad religiosa pero no se aplica, por ejemplo con los privilegios de la confesión católica y en menos medida, evangélicos, judíos y musulmanes. Creemos que todas las religiones tienen que tener los mismos derechos por lo que si los católicos pueden enseñar su religión en la escuela con el dinero de todos, nosotros en un futuro también. En cuanto a los privilegios fiscales, lo mismo».

Un camino un tanto arduo pero para el que Pastor y su grupo no cesan en su empeño. «El satanismo no es una religión excluyente, no discriminamos a las otras religiones, puedes incorporar cosas del cristianismo en prácticas sincréticas – unión de dos o más tradiciones culturales-. Hay personas que son satanistas parcialmente. Yo puedo criticar el conjunto, la suma, particularmente de las religiones abrahámicas, eso no quita para que me puedan parecer interesantes algunos aspectos», sentencia.

Esa libertad de la que se viste Pastor no es recíproca. El satanismo, aparte de no ser entendido, es criticado y vilipendiado por el resto de religiones. Sobre todo en países occidentales. En Asia, concretamente Japón, se puede ser hinduista y budista a la vez, o incluso alguna cosa más.

La traca final: burlesque

Si volvemos a lo de la manipulación como forma de magia, Pastor se monta muy bien esta primera cita para dejarme con la boca abierta. No porque me escandalice a nivel señora, sino porque pasamos de una conversación un tanto intensa a directamente el barro. O lo que es lo mismo, la actuación de ‘Noctis Burlesque Show’, un grupo compuesto casi en su totalidad por mujeres satanistas.

Y aquí, es donde la sexualidad y la sensualidad de su corriente se pone sobre la mesa, sobre el escenario, y en la cara de alguien de la primera fila si hace falta. Pezoneras, tangas, saltos de cama y unas mujeres muy sexys se presentan ante un público en un lugar del todo variopinto. El ambiente es bastante gótico.

Allí, una camarera en tanga y lentejuelas nos toma nota mientras esperamos el primer baile. Los espectadores: un grupo de extranjeras del todo desatadas, una persona queer, satanista y que trabaja como voluntaria para la Iglesia y un fotógrafo que no puede ocultar su entusiasmo con cada parte del espectáculo.

«Siempre he sido satanista, pero le puse nombre hace cuatro o cinco años. No recuerdo ninguna epifanía. Descubres el nombre y te das cuenta de que tú eres así», dicen Bel, Regina y Blanca. Las tres se han conocido a través del arte del burlesque, alguna también en conferencias realizadas por Pastor. Tienen edades distintas, aunque todas son jóvenes. Una es cajera e ilustradora, otra trabaja en un teatro y la tercera es maquilladora de FX. Trabajos normales, vidas normales y noches satánicas. Se proclaman animalistas y mientras hablamos se enternecen con una escena de dos perros jugueteando. «Sois un poco ‘Mr. Wonderful'», les digo en broma. «Es lo peor que nos podías haber llamado», dice Pastor.

Ellas saben lo que quieren y a través de su arte lo muestran. «Teniendo en cuenta que es algo muy individual, el satanismo es una búsqueda de libertad y de la mejor versión de ti misma. A tope con la vida», dicen en corrillo. «Mi madre al oír el nombre se asustó un poco, hay como mucha literatura, la ficción ha hecho daño y ha alimentado mucho el mito. Somos gente normal que vamos a trabajar, con nuestras cosas y que bajamos en moño a por el pan», comenta Regina. «A la mayoría de la gente de nuestro entorno le da mucha curiosidad. Se dan cuentan de que no es lo que les habían dicho que era», añade. Tienen problemas normales, de vidas normales y modos de pensar que para muchos son extraños, pero que no dejan de ser un modo más. Entre todas ellas Eva, o Eve encima del escenario, una catequista retirada de 33 años que ha decidido dejar la fe de lado, cualquier tipo de fe.

«Me mantengo neutra. Acabé tan hasta las pelotas de grupos que no quiero saber nada, cansada de intentar hacer cosas buenas y al final te das cuenta de que siempre hay alguien que intenta fastidiarlo. Me lo hicieron simplemente por defender mis ideas que son igualdad, respeto a los demás, básicamente ideas cristianas, y me machacaron tanto que me fui», cuenta Eva. «No quiero que me encajonen. Ahora mismo no sé si creo en algo o no. No creo en la figura tradicional de dios, pero sí me gusta creer que hay algo. Las ideas satanistas las comparto al 90% o más, pero no quiero que me llamen satanista».

Aunque me invitan a acompañarles a tomar unas cervezas, la noche termina para mí. Tanta información y tantas emociones hacen que me explote la cabeza. Me bajo al metro y me llaman por teléfono. «¿Y si soy satanista?», digo al descolgar.