ADN Sur (Argentina), 28.05.2022

Una ola de denuncias públicas sobre abusos en el mundo del yoga y la espiritualidad se esparció las últimas semanas en las redes sociales, en lo que se convirtió en un nuevo «Me too» que alcanzó instancias judiciales en Argentina, donde una causa por abuso sexual contra un instructor de yoga fue elevada a juicio.

En el ámbito de la instrucción del yoga comenzó a debatirse la necesidad de elaborar un código de ética que contemple, entre sus consideraciones, el consentimiento de sus practicantes, en medio de denuncias sobre abusos que se propagaron en las redes sociales.

«Tuvimos una posición proactiva ante esto. En 2019 empezamos a armar espacios de conversación sobre, por un lado, la cuestión del consentimiento y, por otro, cómo tratar cuestiones de género en las clases», dijo la psicóloga y Presidenta de la Asociación Argentina de Yoga Iyengar (AAYI), Barbara Abeles que también integra el Comité de Ética.

La instructora de yoga y presidenta de la escuela Yoga Tierra, Bárbara Weimberg, está elaborando un código que será de acceso público. «Hay que construir un límite o un parámetro que antes no existía. Crearlo significa reflexionar, debatir, entender que si hago esto puede tener tal o cual impacto en la otra persona», señaló.

Para la instructora, «en el yoga se juegan muchas cosas; es un espacio que muchas veces involucra para la persona que viene a practicar mucha apertura y vulnerabilidad porque vienen a trabajar cosas muy profundas».

Es que desde principios de abril, múltiples denuncias comenzaron a emerger en las redes sociales sobre tocamientos, ofrecimientos y masajes indebidos; comentarios fuera de lugar; acoso; manipulación; abusos sexuales y violaciones en el entorno de las disciplinas que trabajan con el cuerpo y el bienestar emocional y espiritual.

Las personas denunciantes y aquellas que buscaron aportar al debate lo hicieron en las redes sociales con los hashtags #NoEsYogaEsAbuso#YoDefiendoLaVerdad y #IStandForTruth.

Gran parte de las publicaciones, que provienen de México, Uruguay, Brasil, Argentina y Chile, apuntaron a una reconocida institución del ámbito de la espiritualidad, presente en más de 150 países; pero también a otras escuelas, federaciones, maestros, gurúes y profesionales del deporte y la salud.

En Argentina el juicio contra el instructor de yoga y presidente de la escuela Yoga Kai, José Maureira Torres, a quien Carolina Villa y Macarena Pineta habían denunciado en 2017 y 2018 por abuso sexual y posteriores amenazas, iba a comenzar en marzo pero se postergó sin fecha definitiva.

La causa N° 42.592/2017, caratulada «Maureira Torres José, sobre abuso sexual», la lleva adelante la Fiscalía ante Tribunales Orales de Capital Federal N° 20, a cargo de Carlos Eduardo Gamallo, y el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°20, que conduce Patricia Mallo, informaron fuentes judiciales a Télam.

«Con estas denuncias se abrió un debate sobre cómo relacionarnos con las personas desde ese trabajo físico que les proponemos y cómo comunicarnos verbalmente», apuntó.

Por su parte, Paola Torres, psicóloga e integrante de la Red de Psicólogas Feministas, se refirió a los discursos que promueven una «verdad absoluta» y remarcó la necesidad de pensar en los puestos jerárquicos desde la ética. «Las relaciones de poder entre maestros y practicantes aparecen cuando hay discursos que se mueven en la verdad absoluta», dijo.

En la misma línea, Melisa García, fundadora de la Asociación de Abogadas Feministas (Abofem), sostuvo que el problema está «cuando aparece esa voz autorizada, ese instructor o ese cura, ese consejero que ocupa un lugar totalmente asimétrico, y que tiene como la clave o la verdad en ese momento de lo que a vos te va a hacer sentir bien». Por esto, para Torres, se vuelve necesario «trabajar en la dimensión de la ética cuando ocupamos ciertos lugares de poder».