El Confidencial (España), Enrique Zamorano, 6.04.2022

En 2017, un grupo de mujeres apostadas en los exteriores de la Torre Trump realizaban un ritual para pedir al universo que evitara cualquier daño a la población mundial tras resultar elegido. Hoy, cinco años después, este hecho paradigmático ha transmutado y evolucionado en las redes sociales de la mano del ‘hashtag’ #WitchTok, el cual, haciendo una búsqueda rápida en Google, nos mostrará distintos contenidos, sobre todo en TikTok, en los que una gran masa de personas, en su mayoría mujeres, realizan hechizos en línea con fines políticos de izquierdas o directamente para pedir cosas de carácter personal, como por ejemplo aprobar los exámenes o que el chico que te gusta no pare de pensar en ti.

En ellos se repite el término «manifestar» o «manifestación», que alude a esa técnica ocultista encaminada a provocar que una idea o un deseo se convierta en realidad a partir de supuestos poderes cósmicos. «Mover tu conciencia de una realidad a otra», definen en una reciente moda viral en la que un montón de usuarias pedían una manifestación de Draco Malfoy, el personaje de la saga ‘Harry Potter’, para tener una cita con él en el colegio mágico. «Puedes entrenar esta habilidad para poder estar en una realidad completamente diferente como Hogwarts». Parece una locura, pero esta es una de las muchas ramificaciones del movimiento #WitchTok, el cual ha tomado un gran impulso en los últimos años y meses, con un gran nivel de aceptación por parte de los jóvenes y adolescentes. ¿A qué se debe esta explosión de ‘maguferías’? ¿Por qué en su inicio tuvo un marcado carácter político de izquierdas que ha perdurado hasta ahora?

Los herederos del esoterismo occidental también fueron los del liberalismo y capitalismo secular que domina Occidente hoy en día

Evidentemente, el concepto «bruja» hoy en día y en términos ideológicos, tiene una fuerte connotación feminista gracias a las obras de pensadoras como Silvia Federici. Nadie mejor para adentrarse en la caza de mujeres durante el siglo XV que estaban en contra de las costumbres de la época o vivían libremente su sexualidad fuera de las imposiciones maritales. Según Federici, fue precisamente esta violencia ejercida contra las mujeres libres por las que se fundó el capitalismo y el Estado moderno. Por otro lado, la fascinación por el ocultismo tiene también su antecedente histórico más próximo en la revolución cultural que vivió Estados Unidos en los años 70, con el movimiento ‘hippie’ que promovía el amor libre, el feminismo, el antirracismo y la necesidad de alterar los estados de conciencia para desactivar los mecanismos de la sociedad de control que imponía trabajar duro, pagar las rentas y consumir.

Todo lo que rodea a la brujería o al ocultismo tiene un aura contracultural, al renegar de la ciencia y la medicina (eminentemente masculina, lo demuestra la poca investigación en torno a los procesos biológicos de la mujer) y proponer métodos alternativos a los cauces conocidos que tienen su origen en el despertar cientificista de la Ilustración. Hay un personaje histórico sobre el que convergen ambos mundos y que sirve de bisagra entre el pensamiento ocultista y el científico: el filósofo Francis Bacon. En el siglo XVII, se alió con la secta esotérica de los Rosacruces, con prácticas cabalísticas y gnósticas, a la par que desarrollaba las bases del método científico experimental.

Las luces y sombras de Francis Bacon

«Si bien el ocultismo puede haber sido subversivo en el contexto de las sociedades religiosas de los siglos XVI y XVII, rápidamente dejó de serlo con el nacimiento de la modernidad», argumenta la escritora Esmé Partridge, quien ha escrito un interesante artículo en ‘Unherd’ hablando de este fenómeno y sus conexiones con el pasado. «¿Por qué? Porque los herederos del esoterismo occidental también fueron los del liberalismo y capitalismo secular que domina Occidente hoy en día. Lejos de ser una oveja negra en la historia intelectual occidental, fue Bacon junto con Hobbes, Locke o Hume, quien estableció las normas científicas de nuestro tiempo. Fue el padre del empirismo filosófico y del método científico: la piedra angular de la modernidad liberal y racionalista».

«Tanto el capitalismo liberal como el ocultismo son frutos de la Ilustración. Ambos sitúan al hombre en el centro del universo»

Por ello, es precisamente como respuesta a ese mundo oscuro en el que primaba la superstición y la religión, cuando surge tanto la ciencia como su contrario: el ocultismo. La pretensión era liberar al hombre del yugo de la tradición y de la naturaleza, del tiempo antiguo en el que el poder ostentaba un rango divino para cederlo al conocimiento o, en caso contrario, a la magia especulativa. «Tanto el capitalismo liberal como el ocultismo son frutos de la Ilustración», recalca Partridge. «Ambos sitúan al hombre en el centro del universo y, aunque uno se aferra a lo trascendental y el otro a lo materialista, ambos tienen ese mismo fin: liberar a los seres humanos del miedo e instalarlos como maestros». Bacon representa a la perfección esa figura entre las dos esferas que vivieron su apogeo con el siglo de las luces y evolucionaron hacia el liberalismo burgués.

Peleas con los católicos

Otra de las particularidades del #WitchTok, que también señala Partridge y que entronca con las ideas de Francis Bacon, es la crítica a la religión, calificando a los cristianos de «ignorantes» sin un hálito de pensamiento crítico. Por otro lado, aquí en España, webs católicas alertan de esta moda virtual, describiéndola como «espiritualmente peligrosa». Es curioso comprobar cómo esta guerra de espiritualidades sacras y profanas sigue vigente en la sociedad a través de la red, tantos siglos después.

«Estas prácticas oculistas están orientadas hacia la gratificación personal, ya sea a través de ‘manifestaciones’ de dinero, belleza o éxito»

«Los miembros de estos aquelarres virtuales continúan rebelándose contra una hegemonía fantasma, usando la magia contra ciertas estructuras de poder y dogmas religiosos que hoy en día son demasiado débiles para oprimir a alguien», observa la escritora. «Es a partir de este engaño que la magia se fusiona con el activismo, como por ejemplo el caso de las brujas feministas que intentaron hechizar a Donald Trump. A pesar de compartir una genealogía filosófica con el ‘establishment’, adquirir poder mágico se convierte en un medio para alzarse contra ese mismo poder establecido».

En este sentido, las ideas anticapitalistas que defienden la mayoría de los usuarios adscritos al movimiento #WitchTok presumen de estar empapadas de la ideología hegemónica del capitalismo: «las prácticas oculistas más populares están orientadas hacia la gratificación personal, ya sea a través de ‘manifestaciones’ de dinero, belleza o éxito, así como lanzar maleficios a los que se presumen sus enemigos». Es por ello que a pesar de oponerse a la corriente dominante, los valores que se persiguen no dejan de ser individualistas y materialistas, en los que no hay una interpelación al apoyo colectivo para derrocar a los poderosos, sino simplemente peticiones para gustar a alguien, ganar dinero o encontrar trabajo o, incluso, para que otros tengan éxito en sus cruzadas (durante el movimiento social del Black Lives Matter hubo un aluvión de vídeos en los que se realizaban encantamientos de protección a los manifestantes que salían a la calle).

Maldiciones contra Trump

Volviendo al que podría ser el momento fundacional del #WitchTok, nombrado al principio del artículo, en el que un grupo de mujeres lanzaban maldiciones contra el nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cabe analizar el documento audiovisual de la revista ‘Time’ para llegar a una serie de conclusiones a raíz de lo expuesto. «Lo que espero es que tengamos la capacidad colectiva con nuestros cuerpos, almas y espíritus para superar lo que nos ha tocado», asegura una mujer, mientras otra quema la foto del mandatario balbuceando hechizos. Curiosamente, en una clara jerga izquierdista, hace alusión a la fuerza popular para derrocar al presidente, aunque evidentemente no a través de los argumentos o la fuerza, sino a través de la magia.

De pronto, una mujer anónima que entra en escena se les enfrenta a las brujas, reprendiéndolas porque lo que están haciendo es «muy desagradable». «La idea de anular la voluntad del presidente de Estados Unidos a través de la magia es bastante pobre», dice a la cámara. A lo que finalmente responde una de las reunidas: «No hay nada malo en pedir al universo la exigencia de que los seres humanos no hagan daño». Sin duda alguna, resulta muy curiosa esta serie de alegatos de las convocantes, confiando (se supone, si no, no lo harían) en que pedir al universo que detenga a Donald Trump va a conseguir algo. Quién les iría a decir que cuatro años después el Capitolio iba a ser invadido por una turba de manifestantes afines a su mandato.

Cuerpos, que no espíritus

Para terminar, Partridge concluye que «la romantización de la brujería en TikTok como algo subversivo olvida que el ocultismo occidental llegó a la par que las ideologías cientificistas de la Ilustración que son el sustento de la modernidad». Y va más allá: «Sus deseos de forjar la trascendencia de forma autónoma y racional no van contra el ‘status quo’, sino que son sus principios fundacionales. En realidad, ser verdaderamente subversivo en estos tiempos pasaría por liberarse de las cadenas del individualismo».

En definitiva, realizar algún tipo de ‘manifestación’ (en el sentido ocultista de la palabra) pasa por aceptar la máxima posmoderna que viene a conceder más importancia a las sensaciones que a los hechos: por mucho que creas en algo, eso no quiere decir que se vaya a realizar. Y el #WitchTok lleva esta idea al límite. No va a haber cambio social si se atiende a las almas y no a los cuerpos, pues toda gran revolución se ha hecho y se hace poniendo los cuerpos. Pero como decía un manifiesto de nuestra época que ahora viene a cuento más que nunca, «los cuerpos están en las pantallas».

Por tanto, es más que posible que detrás de todo ese afán progresista solo emerja la necesidad de aumentar el número de seguidores sea como sea. Y por más que pongas velas, mezcles especias o dediques cánticos a los astros y arcanos, la realidad sigue ahí fuera y no va a cambiar por ocultas fuerzas místicas que operan en las zonas más heterodoxas de la ciencia. La palanca son los cuerpos.