El Español (España), María Paredes, 31.07.2022

Desde que atravieso el umbral de la inmensa sede del Centro de Ayuda Cristiano, sita en Santa María de la Cabeza, a un paso de Atocha y del museo Reina Sofía, me siento observada. Es, en cierto modo, lógico: soy la única española que detecto a mi alrededor, entre la nutrida parroquia de origen, fundamentalmente, latinoamericano. Y soy rubia, para colmo. Es miércoles y aquí se celebra hoy la Reunión del Espíritu Santo, aunque a mí me la habían vendido como La Noche del Alma cuando, un día antes, me acerqué hasta el centro para interesarme por sus actividades. «Mañana es un día muy especial, La Noche del Alma, podrá pedir para que se solucionen todos sus problemas», me había dicho un chico encamisado detrás del mostrador desde el que recibe a los visitantes. Después, me recitó entera la agenda de la semana, pues todos los días se realizan distintos eventos, y cada uno persigue un fin diferente.

Los lunes, se celebra un Congreso para el éxito; los martes, le toca el turno a la salud con la Unción de los enfermos; los miércoles, es la mencionada Reunión del Espíritu Santo; los jueves, se ora «por la vida sentimental» (valido tanto para solteros como para casados); los viernes, es el día elegido para la «liberación espiritual», el sábado, se deja todo atrás con la Reunión de superación; y los domingos, se produce el encuentro «más especial y único», el Encuentro con Dios para la cura interior y oración por la familia.

Como a mí me invita con especial afán a la Reunión del Espíritu Santo o Noche del Alma, ahí que voy, a vivir en primera persona qué se cuece tras los muros de un local que se anuncia con un gigantesco rótulo en el que se puede leer su nombre, Centro de Ayuda Cristiano, enmarcado con la bandera de España. Me reciben varios pastores, sonrientes perdidos, que me preguntan si es mi primera vez allí. Tras decirles que me hablaron el día anterior del evento, me invitan a pasar. Me interno en el gran anfiteatro donde va a celebrarse el evento, tomo asiento en una de las filas delanteras para no perder ripio, y comienza el marcaje. Varios de los pastores se apostan a mi izquierda, en el lateral del templo, y noto sus miradas repasándome de forma intermitente. Intento obviarlas y me concentro en lo que va a suceder.

El altar mide unos siete metros de altura y está coronado por unas letras doradas que afirman que «Jesucristo es el señor». Bajo las letras, un pantallón audiovisual como el de los conciertos va alternando la imagen del pastor oficiante con las letras de las oraciones y canciones que se suceden en el acto. Unas columnas romanas rematadas con capiteles dorados sujetan un arco de medio punto y, bajo este, se encuentra un enorme arca -también dorada- con una leyenda: arca de la alianza. A la derecha de esta flamea un fuego holográfico sobre un pebetero: así no deja nunca de arder. Toda es pompa, todo es rito.

El inicio del evento

«Buenas tardes, cierra los ojos», comienza diciendo con un marcado acento brasileño el conductor del evento. Pronuncia cuatro palabras más, Beber de tu fuente y, al unísono, el común de los asistentes -calculo que unos 80- comienza a cantar meciendo el cuerpo: «Beber de tu fuente, yo vine a saciarme en las aguas cristalinas, inúndame con tu amor. Me vacié de mí, de mi yo…». Se acompañan de un pianista que, oculto tras un velo blanco en un lateral del altar, interpreta el tema. Terminado el cántico y calentado el ambiente, el pastor baja del púlpito y se acerca a los feligreses para comenzar la prédica.

«Presta atención lo que dice la Palabra de Dios». Se apoya en un pasaje del apóstol Juan, del que apenas lee un brevísimo extracto, y en el que se recoge esta frase de Jesús: «Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba. El que cree en mí, como ha dicho la Escritura: ‘De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva'». El speaker interpela constantemente a los parroquianos: «Pero el agua no es para todos, ¿es para los que?», dice dejando inconclusa la frase. El coro la remata: «¡Creen!». A continuación, se sucede una pequeña pantomima para apuntalar el mensaje.

El oficiante pide la ayuda de dos de los pastores auxiliares. Uno de los que sale al estrado es más recio, el otro es un alfeñique. El pastor le otorga el papel de Dios al fuerte: «Aquí está Dios de brazos abiertos diciendo ‘ven a mí'». Al otro, al delgadino, le dice que para llegar a Dios tiene que entregarse a él y, a su señal, este salta en brazos de su compañero, que lo sujeta en vilo. «Va a ganar una hernia hoy», dice el pastor, y el público se monda.

Ya no sé si estamos en La Noche del Alma, la del Espíritu Santo o la de la Paramount Comedy. Después, otro pequeño sainete: al pastor de constitución delicada se le sube encima otro que es, directamente, gordo. El oficiante aclara que el gordo remeda el pecado y que, así, subido a hombros del creyente, este es incapaz de abalanzarse a su Dios. La moraleja es muy celebrada entre la parroquia, que despide con más risas a los actores figurantes.

El momento álgido: el diezmo

Después, llega el momento álgido: al ritmo de una nueva canción con tintes de mantra, que repite incesantemente «tengo sed de ti, necesito de tu presencia, tú eres mi sustento, tu palabra es mi alimento», el pastor insta a los fieles a que se acerquen al altar. Estos empiezan a obedecer y, como imantados, alargan las manos hasta tocarlo. Los pastores auxiliares se acercan a ellos y les imponen las manos en la cabeza mientras profieren oraciones, con gesto ceñudo. Todos se agitan, con los ojos cerrados, elevan las manos, se contorsionan un poco. Hay voltaje en la sala.

Inflados de emoción, el oficiante pide un aplauso, el ritmo se incrementa al son de «a él la gloria» y luego llega el momento clave, el de diezmar, en dos modalidades. «Si usted va a presentar su ofrenda, si trajo su sobre diezmo entonces lo va a poner acá en la bolsa del sobre delante del altar», indica el pastor, refiriéndose a unas bolsas de una especie de terciopelo negro que sostienen varias mujeres pertenecientes al Centro, uniformadas también convenientemente. Si se prefiere, se puede diezmar a través del datáfono que sostienen los hombres, los mismos pastores, alineados perfectamente en el altar junto a sus compañeras.

Ando registrando mentalmente todo esto cuando un dedo toca mi espalda:

–¿Puedes acompañarme fuera?

Es uno de los pastores. Obedezco y le sigo hasta el exterior de la sala.

–Me estaba dando la impresión de que estabas grabando con el móvil. Es que no se puede, ¿sabes?

Lo niego. Le enseño incluso el teléfono.

–No hay nada que ocultar, pero no se puede grabar –insiste él.

–Lo entiendo. Me gustaría poder continuar, ¿puedo?

–Claro, por favor.

Regreso a la sala cuando el diezmo ya ha terminado. Qué advertencia hecha en un momento tan oportuno, pienso. La prole levanta ahora las manos y las extiende en dirección a sus casas, por indicación del pastor. «Aquí hay personas que de libre y espontánea voluntad te han honrado, han saciado las necesidades de tu casa y, como está escrito, Señor, que aquel que sacia sería saciado, pedimos que sacies sus necesidades». Es esta una salvación by cash. O by card.

A la salida, vuelvo a ser interceptada. Esta vez por una chica, calculo, un poco más joven que yo. Insiste en lo de si es mi primera vez. Se lo confirmo y me pregunta cómo he llegado allí.

–¿Ha sido por la radio?

Le digo que no, que la sede me llamó la atención al pasar por allí el día anterior y que me decidí a entrar. Después de ofrecerme asistir a otros eventos de la semana y de indicarme que, si lo necesito, puedo tener un pastor a mi disposición para orientarme «en cualquier tema», me franquea el paso y salgo al exterior tras casi hora y media de culto. Me he quedado con la copla de eso de la radio, así que busco el dial de Radio Vida, como se llama la emisora con la que el Centro de Ayuda Cristiano radia su mensaje las 24 horas del día.

Radio Vida: 24 horas de captación

En su página web los encuentro, con un sonido nítido (tienen tres diales en la FM en Madrid, pero ninguno de ellos ofrece un sonido definido). Me conecto y escucho durante horas hasta elaborar un diagnóstico de su estrategia: intercalan toda una serie de mensajes inspiracionales (aquí locutados, normalmente, con claro acento español) con canciones repletas de alabanzas a Dios. Es una suerte de radiofórmula, cargada de doctrina. «Pensamiento, canciones, historias, eso es lo que contamos aquí. Y solo con un propósito: que te animen el día malo, y que te alegren el bueno», dice por ejemplo una voz de mujer.

Las canciones, por su parte, resultan mucho más modernas que los cánticos oídos en la sede. Algunas tienen un corte indie, incluso. ¡Y hay rap! Uno que empieza diciendo «tu nombre grito, mi dios bendito…» y termina con un «oh, man!». Pero, de pronto, intercalado con estos ritmos, volvemos a oír a un pastor. Uno que habla de cómo su hija casi fue captada por las bandas cuando vivían en el Bronx. «Yo fui al altar con mi esposa, y clamamos y oramos a Dios para que nos la bendijera. No es porque ella sea la hija de un pastor que la salvara, eso no es garantía de nada». Hay que dar el callo para obtener el favor de Dios, vuelve a quedar meridiano. Y los ejemplos de salvados se suceden con testimonios enlatados de personas que habían caído en las drogas, el alcoholismo y la depresión y que estaban a punto de suicidarse cuando, al acudir al Centro de Ayuda Cristiano, encauzaron su vida y ahora son felicísimos.

También se radian las actividades semanales y se insta una y otra vez a acudir a sus distintos locales, 35 en total en toda España, además de la mencionada sede. Su página web lanza el mismo mensaje: «La emisión de nuestra programación 24 horas supone un gran esfuerzo económico (…). Si tú, querido oyente, crees que hacemos una buena labor en la predicación del evangelio y deseas brindarnos tu apoyo económico para que podamos alcanzar a muchas más personas, ponemos a tu disposición varias formas de hacernos llegar tu donativo. Estamos seguros de que tu contribución, además de traducirse en muchas almas para el Reino de Dios, también se reflejará en tu vida, y nada te faltará, como está escrito».

Si no das dinero, no dejan en paz

Sin embargo, quien ha conocido desde dentro cómo opera esta organización no opina igual. Luis (se trata de un nombre ficticio para proteger su identidad) habla por primera vez para un medio de comunicación, habla a EL ESPAÑOL, después de haber sufrido los estragos de haber pertenecido a esta entidad cuando se llamaba Pare de Sufrir, una de sus anteriores denominaciones, tal y como denuncia la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES).

«Mi madre entró en esta iglesia cuando mi padre se fue con otra mujer, le había sido infiel muchas veces hasta que la dejó… Yo entonces tenía siete años, ella empezó a ir a la iglesia para buscar a Dios, creo que estaba muy deprimida, me acuerdo de que lloraba todo el día. Allí le dijeron que era el demonio quien le había llevado por el mal camino a mi padre, que ahora ella tenía la oportunidad de recibir las bendiciones de Jesús. Le prometieron que le podrían curar la depresión», comienza diciendo. Él también ingresó, por convicción de su madre, en la organización, y estuvo acudiendo durante años.

«A mí cuando adolescente me dijeron que tenía el demonio dentro porque iba con chicos, que tenía el mal dentro mío, eso también fue muy fuerte, todos estaban como locos en la iglesia convencidos de que me sacaban el demonio, que me había entrado como a mi padre», se lamenta, acusando a la congregación de homofobia. «Y siempre estaban con el tema de que tenías que tener fe, que quien más dinero daba al final es el que más fe tenía, siempre con aquello, reunión tras reunión… La presión siempre estaba, los apóstoles insistían continuamente en el dinero, los obreros eran los encargados de recogerlo».

Para Luis, una de las peores cosas es el silencio que esta entidad le obligaba a guardar: «No podías explicar muchas cosas de lo que allí se hacía: ‘no lo entenderían’, te decían». Aunque él, al cumplir veinte años, pudo romper lazos con sus captores, su madre aún continúa formando parte de la organización, hoy ya llamada Centro de Ayuda Cristiano: «Ella dio mucho dinero, y sigue allí. Yo intento no hablar mucho con ella del tema porque siempre acabamos discutiendo. Llegó un momento que mi madre estaba todo el día con el tema, yendo a la iglesia… Cuando hacían la campaña de Israel, los sobres que entregaban para la sanación, la liberación… Aparte de los diezmos que entregaba cada mes… Daba igual que trabajara, la venían a ver a casa y no la dejaban en paz hasta que no daba dinero. Los pastores iban a visitarla siempre, le preguntaban cuánto ganaba, si había hecho el diezmo…».

Cuando Luis salió de la ‘iglesia’

Para poder romper con el fuerte influjo que la organización ejerció sobre él, Luis recurrió a Miguel Perlado, psicólogo clínico y psicoterapeuta y uno de los pocos profesionales del sector especialistas en sectas. «Cuando lo dejé, pedí ayuda a Miguel. No sabía cómo salirme de ahí con mi madre dentro, sentía que estaba traicionando a mi madre y a la iglesia, que podía venir como un castigo sobre mí porque siempre decían que salirse era correr el riesgo de que el demonio me llevara», continúa Luis. «Me metieron muchas cosas en la cabeza, aquello era un lavado de cerebro, aún me vienen ideas de allá. Sentí miedo a perderme, desconfiaba de todo cuando empecé a salirme, tenía mucha ansiedad todo el rato. Miedo también a que me pasara algo malo».

Sus secuelas son tristemente habituales entre quienes han frecuentado este Centro y otras congregaciones del mismo corte, tal y como nos dice el propio experto que lo trató: «Los daños suelen ser problemas graves en la visión de uno mismo que llevan a no confiar en el propio criterio. Queda un daño en cuanto a la intimidad, en la propia autoestima, y eso sin contar daños de reacciones anímicas como una honda depresión y estados de ansiedad».

Perlado tiene una experiencia de más de veinte años tratando a personas que han logrado romper con las prácticas dudosas del Centro de Ayuda Cristiano pues, aunque con este nombre operan desde hace pocos años, su trayectoria en nuestro país viene de largo: «Ellos aseguran que funcionan de forma independiente, pero dependen de un grupo matriz, brasileño, que se llama la Iglesia Universal del Reino de Dios, desde donde emergen todas las propuestas que hacen bajo múltiples nombres: Nueva Vida, Oración Fuerte al Espíritu Santo, Pare de sufrir, Centro de Ayuda Evangélica… hay una larga ristra de nombres que emplean y que es habitual en este tipo de grupos». Los cambios de titulación obedecen a dos motivos: el primero tiene que ver con el «manejo económico» y, el segundo, con «ofrecer una imagen que no esté conectada a otras que han podido quedar empañadas por denuncias previas, noticias que hayan salido…».

El psicólogo especialista en sectas desgrana su modus operandi: «Ellos ofrecen sus servicios de culto a una comunidad especialmente sensible, como tú observarías, ya que eras la única que desentonaba allí. Su labor gira principalmente en torno a personas emigradas que atraviesan una desvinculación afectiva, una mayor soledad, un desarraigo… todo el duelo migratorio que deja a las personas más proclives a terminar siendo atrapadas por este tipo de dinámicas». Hasta aquí, dice el experto, «no hay nada objetable», pero el problema viene de que el ofrecimiento «no está exento de unos compromisos que tienden a ir en aumento y que hacen que la persona tenga cada vez menos margen de maniobra».

Esos compromisos pasan por la «donación» de la que Luis nos hablaba y que yo pude comprobar in situ durante un culto. «La cuestión del diezmo siempre es un asunto delicado porque ellos dicen que la gente lo hace voluntariamente. Entramos en una de las líneas finas: vale, uno lo decide, pero ¿en qué contexto emocional y de grupo lo hace? Si todo el mundo dona, yo también voy a acabar donando porque si no voy a acabar sintiéndome extraño. Así que inherentemente hay una presión de grupo, qué duda cabe, y también una presión por parte del pastor: finalmente, la cosa se tensa en la cuerda de tanto das, tantos puntos sacas para tu salvación», aclara Perlado. «Esto lo basan ellos en una cierta teología basada en la prosperidad y dicen que en otros tantos cultos también se dona, pero aquí el punto es con qué insistencia se hace, en qué contexto de grupo y la poca transparencia económica que tiene esta organización», añade, subrayando que el Centro de Ayuda Cristiano se puede considerar parte de un grupo «que se ha globalizado y es una multinacional de la salvación».

En el imaginario colectivo, las sectas suelen asociarse a lugares recónditos, oscuros, repletos de violencia e incluso de prácticas sexuales extremas. ¿Puede considerarse, por tanto, que el Centro de Ayuda Cristiano es una secta? «El ciudadano de a pie cuando ve un lugar que está registrado dice ‘entonces esto no debe ser nada’, pero no hay ninguna duda de que la Iglesia Universal del Reino de Dios funciona como una secta. Hay una transversalidad en cuanto al daño: se genera un daño moral (y también económico), pero sobre todo es el daño espiritual y moral que suele dejar marcas y traumas en las personas que han pasado por ahí. Por eso el grupo es una secta sin lugar a dudas, más allá de que luego normalicen su percepción de cara afuera», afirma sin ambages.

La Iglesia Universal del Reino de Dios

Haciendo un barrido por Internet encontramos esta página, perteneciente al UCKG (Universal church of the Kingdom of God en inglés), que nos confirma lo que el experto psicólogo nos ha dicho: en las direcciones de los distintos templos que la Iglesia Universal del Reino de Dios tiene repartidos por todo el mundo encontramos la de Santa María de la Cabeza, sede principal en España del Centro de Ayuda Cristiano. Todo encaja.

La Iglesia Universal del Reino de Dios está liderada por Emir Macedo, un pastor evangélico brasileño en torno al cual se suceden las polémicas: es dueño del grupo mediático Record TV, un emporio que en la campaña electoral de 2018 apoyó a Bolsonaro en su carrera a la presidencia del país. Macedo está investigado por diversas causas en varios países y llegó a ser encarcelado en su país natal por supuesto fraude, delito del cual salió posteriormente absuelto.

En España, el Centro de Ayuda Cristiano ha intentado sin éxito ingresar en la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE), pero desde esta organización los han rechazado por «no acreditar suficientemente el carácter evangélico de la entidad», tal y como nos confirman desde el departamento de Comunicación.

«Sobre todo porque sus prácticas, y también en cierto modo su liturgia, están un poco lejos -por no decir en las antípodas- de las prácticas de las iglesias evangélicas. Ellos no lo han aceptado bien y se han quejado, pero es nuestra responsabilidad mantener el carácter evangélico de la Federación. Uno de nuestros rasgos es la inclusividad y la diversidad, pero algunas iglesias se quedan fuera incluso de este amplio abanico, y es el caso del Centro de Ayuda Cristiano», añaden.

Hablamos con el Centro de Ayuda Cristiano

Todo lo investigado nos lleva a ponernos en contacto con el Centro de Ayuda Cristiano para contrastar la información. Hasta tres interlocutores distintos nos preguntan por la naturaleza de nuestra llamada y quieren averiguar las preguntas que vamos a formularles antes de que podamos hablar con el portavoz. Finalmente, acordamos una entrevista con el pastor Alberto, que nos anuncia, en primer lugar, que van a grabar la conversación. Nosotros también lo hacemos.

Empiezo preguntándole cómo se definen en la actualidad. «Nos definimos como indican nuestros estatutos, que son muy claros. Dicen que Comunidad Cristiana del Espíritu Santo (porque Centro de Ayuda Cristiano es una denominación de Comunidad Cristiana) es una entidad religiosa que se rige por los estatutos redactados que actúan conforme al amparo de los derechos reconocidos por la Constitución española y la ley orgánica de libertad religiosa. Además de esto tenemos nuestra base doctrinal, nuestras creencias y nuestra actuación de fe en las enseñanzas de las sagradas escrituras de la Biblia según la fe cristiana evangélica».

Cuando le pregunto a mi interlocutor por qué, si se enmarcan dentro de la fe cristiana evangélica, no son aceptados por FEREDE, me explica que realizaron los trámites pertinentes durante la pandemia de la Covid-19 por vía telemática, lo que quizá pudo limitarles «el aclarar dudas y poder hablar con ellos». No obstante, añade: «Esperamos que FEREDE volverá a considerar nuestra solicitud de ingreso para que podamos vivir en armonía como cristianos».

Lo cierto es que la misma entidad ya solicitó el ingreso en esta Federación bajo sus otros nombres, tales como Pare de Sufrir y Familia Unida. Por eso, le pregunto al pastor si antes de llamarse Centro de Ayuda Cristiano operaron bajo esas otras denominaciones. No lo niega, coge la calle de en medio: «Nosotros somos una iglesia independiente y dentro de nuestra fe realizamos nuestras actividades. La iglesia ha sido refundada y hemos empezado una nueva etapa».

Incido: «¿Con ‘ha sido refundada’, Alberto, quiere decir que sí que teníais esos nombres anteriormente?» Tras un silencio de unos segundos en la línea, el pastor responde: «La verdad es que hay cosas de las que no podría siempre decirte porque yo no he estado todo el tiempo en España, he sido pastor en el extranjero. Yo puedo decirte que ocho años atrás llego a España y empezamos a trabajar con Centro de Ayuda Cristiano».

Preguntamos sobre el exmiembro

Pasamos al siguiente asunto. El espinoso testimonio del exmiembro de esta entidad al que EL ESPAÑOL ha tenido acceso. Le digo al pastor que esta persona les acusa de homofobia, de que le dijeran que «tenía el demonio dentro» por relacionarse con chicos. «La verdad es que me sorprende muchísimo esto porque no corresponde con nuestra forma de actuar. El Centro de Ayuda Cristiano está con las puertas abiertas para todas las personas. Nosotros no podríamos discriminar a nadie a este respecto por su ideología, raza ni tampoco por su preferencia sexual o cómo se defina».

Cuando le pregunto por la otra denuncia que este exmiembro efectúa, la del acoso monetario sufrido por su familiar, el pastor argumenta que desde el Centro de Ayuda Cristiano visitan a quien así se lo solicita «tanto en hospitales, centros penitenciarios, casas» y que lo hacen «totalmente gratis». «En nuestros cultos, en nuestras reuniones, invitamos a los miembros de forma voluntaria, a quien quiera, a que dé sus donaciones, sus ofrendas, de forma voluntaria. El uso de las ofrendas es el que es, que es para el anuncio de la palabra de Dios, el pago de los alquileres, el pago de las utilidades de la iglesia, el anuncio del evangelio, el pago de los compromisos de cualquier iglesia con sus dificultades, que tenemos las de todo el mundo».

Queda una última cuestión por tratar, y es si el Centro de Ayuda Cristiano reconoce pertenecer a la poderosa Iglesia Universal del Reino de Dios. «Como ya te respondí, Comunidad Cristiana del Espíritu Santo es una iglesia española, es una iglesia independiente. Dentro del evangelio, es muy plural, muy diverso, y las iglesias compartimos nuestra base doctrinal, que está en la Biblia. Nosotros nos identificamos con diversas iglesias, con diversas denominaciones con las cuales podemos compartir literatura, podemos compartir mensajes, podemos recibir la visita de pastores…», argumenta Alberto, afirmando que eso no quiere decir que el hecho de recibir la visita de un pastor de la Iglesia Universal del Reino de Dios implique que pertenezcan a ella.

Cuando le comento que he encontrado la dirección de su sede en un directorio de una página web de la Iglesia Universal del Reino de Dios, me ofrece esta explicación: «Bueno, eh, como te dije antes estamos hermanados, se puede compartir como también nosotros compartimos y derivamos a miembros de la iglesia y simpatizantes a otras direcciones de otros lugares y otros países». Sin embargo, la página web titula bien claro: UCKG Worldwide Addresses. No hay mucho margen para la interpretación: se trata del directorio en el mundo de la Iglesia Universal del Reino de Dios, y remite en España a la megasede del Centro de Ayuda Cristiano, sita en pleno corazón de Madrid.