El periódico (España), David López, 24.08.2022

2022 podría calificarse en España como el ‘año de las sectas’. Desde el 1 de enero se han registrado varios incidentes protagonizados por “comunidades cerradas, que promueven o aparentan promover fines de carácter espiritual, en las que los maestros ejercen un poder absoluto sobre los adeptos”, que es como las define la RAE.

Hay varios casos mediáticos: el pasado mes de abril cayó la secta de La Chaparra. Una hermandad destructiva radicada en Castellón. Su líder, conocido como Tío Toni, extorsionaba, abusaba y explotaba a sus adeptos afirmando que él era un enviado de Dios. Tío Toni (de nombre Antonio G.L.) fue detenido en una operación especial de la Policía Nacional y fue hallado muerto en su celda a mediados de mayo.

Ese mismo mes de mayo, una noticia sacudió la opinión pública: un niño de tres años moría tras beber agua oxigenada en una nave industrial de Corella (Navarra). Allí estaba afincada la secta de Las 12 Tribus, un grupo religioso que lleva afincado en Francia desde los 90 y que ha incrementado su número de adeptos en nuestro país en los últimos dos años.

Poco antes, durante el mes de marzo, la Policía Nacional desmantelaba una secta de nuevo cuño y sin motivaciones religiosas. Se trata de IM Mastery Academy. Una secta disfrazada de academia de inversión que enseñaba presuntamente a sus afiliados a operar con criptomonedas, pero que acabaron arruinando a la gran mayoría de las víctimas que se unieron a ellos.

¿Criptomonedas?

Sí, porque las sectas han mutado. Han cambiado su fisonomía, su mensaje y hasta la forma de captar a nuevas víctimas. “El estereotipo de gurú religioso con barba larga que va vestido de blanco y da mensajes sobre Dios ha cambiado sustancialmente. Ya queda lejos. Ahora hablamos de organizaciones horizontales en las que hay políticos, académicos o empresas”, cuenta a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA Miguel Perlado, psicólogo clínico especializado en sectas y autor de numerosos trabajos sobre el tema.

Cazadores de mentes

Los casos anteriormente citados son sólo algunos de los sucesos que se han dado en nuestro país este año, en el entorno de los grupos sectarios. Todas tienen perfiles muy diferentes. Y es que, tras la pandemia, se ha producido un repunte de este tipo de grupos conocidos por los expertos como ‘cazadores de mentes’. Grupos con estructura piramidal que captan a incautos en momentos de debilidad y se acaban aprovechando de ellos hasta las últimas consecuencias.

Ahora las sectas se han alejado de los estereotipos. No son tan numerosas y ni siquiera hace falta que sus miembros coincidan físicamente en un espacio. “Cada vez es más difícil identificarlas. Porque no hay un registro de sectas en nuestro país desde los años 80. Pero también porque ahora, con las redes sociales, cualquier grupo de 6 o 7 personas con una cuenta en Telegram, por ponerte un ejemplo, ya tienen una plataforma para difundir sus mensajes de proselitismo y sus rituales”, explican desde RedUne, una asociación española que lleva casi 25 años dedicándose a la prevención de redes sectarias.

Es una de las características de la mutación de estos grupos o grupúsculos: se valen de las redes para poder llegar al máximo número posible de miembros potenciales. Y como cada vez es más difícil enredar a alguien con promesas de salvación de la vida eterna o de castigos divinos, los captadores se apoyan en nuevas tendencias como la autoayuda, las pseudoterapias, la vuelta a la vida natural o incluso ganar dinero (las criptomonedas) como señuelo.

Eso ha dado pie a que cambien incluso los patrones de captación: «Hay que destacar la existencia de nuevos métodos en cuanto al funcionamiento de los grupos de carácter sectario. Vivimos en la era digital, por lo que la actividad laboral, personal y social cada vez se va desarrollando más de forma virtual, no siendo necesaria la cercanía física para entablar un contacto muy estrecho con otras personas”, confirman los especialistas en sectas destructivas de la Policía Nacional.

Multinacionales de la salvación

“Son multinacionales de la salvación”, sentencia el profesor Miguel Perlado, que calcula que “el 0,911% de la población española está o ha estado afectada por contacto con sectas en algún momento de su vida”. Respecto al número de estas asociaciones en España, hay cierto consenso al hablar de entre 250 o 300 grupos reconocidos. Pero todas las fuentes coinciden en que “al no haber un censo oficial, es casi imposible definir ese número. Ahora nos perderíamos”, tal y como explican desde RedUne.

“El resultado obtenido puede ser con mucha probabilidad erróneo. Dependiendo del experto al que se consulte, las cifras variarán porque va a aplicar distintos criterios. Esto sumado al carácter camaleónico de estos movimientos, que tratan de ocultar su verdadera finalidad en actividades de todo tipo como yoga, artes marciales, bienestar, crecimiento personal o esoterismo, les permiten funcionar en grupos privados, muy reducidos y en la intimidad de los mismos. Eso hace muy difícil poder llegar a conocer de su existencia y hablar de cifras reales” explican los expertos de Policía Nacional.

«La ciudadanía, en general, no suele contrastar ni las fuentes ni la información a la que accede. Actualmente, se encuentra viviendo un momento de gran incertidumbre, pesimismo e, incluso, miedo. Eso nos lleva a que se pueda ser más permeable y vulnerable a mensajes de salvación, crecimiento personal, autoayuda como los que en un primer momento presentan las sectas. Metemos a las sectas en nuestra casa a través de internet», prosiguen fuentes policiales.

Ola postpandemia

Coinciden los expertos en que la pandemia ha supuesto un antes y un después en materia de grupos sectarios. El confinamiento y las restricciones han llevado a mucha gente a buscar nuevos entornos de vida. El abandono de la ciudad para buscar el retiro en parajes rurales y apartados de la sociedad han facilitado el incremento de gurús y entidades que proponen retiros espirituales, filosofías de vida que retrotraen a épocas pretéritas y planteamientos más próximos a la naturaleza.

Afirma Miguel Perlado que «se ha dado un cambio desde entonces. Estas nuevas sectas están volcadas en el ámbito parasanitario, de los sanadores y las pseudoterapias. Van derivando hacia un discurso más verde por decirlo de algún modo. Están más orientados a entornos naturales y esto se ha visto reforzado por el encierro de la pandemia».

Esta situación atípica y sus problemas derivados ha hecho que a mucha gente le dé por «buscar soluciones relámpago para solucionar problemas personales o laborales. Eso nos puede llevar a no ser críticos ni racionales con las ofertas que se nos presentan y caer en brazos de grupos sin escrúpulos que buscan satisfacer intereses propios de tipo económico, de poder u de otro tipo. Digamos que los milagros ocurren en contadas ocasiones y, desde luego, no se consiguen pagando ni están al alcance de cualquiera», cuentan desde la Policía Nacional.

Peligro

A pesar de su lavado de cara, ¿son peligrosas estas sectas? Estima el profesor Miguel Perlado que «al menos un 70% de las sectas identificadas en España tienen comportamientos de riesgo físico y psíquico elevado». Un porcentaje alto en el que los líderes «se aprovechan vulnerabilidad, dilapidan fortunas. Se producen abusos sexuales y una parte importante de las víctimas son niños; la infancia está desprotegida, pero con que ejerzan una presión coercitiva con una actitud de dominio y limiten las libertades ya es peligroso», agregan desde RedUne.

El peligro de estas sectas destructivas (como conocen los expertos a este tipo de asociaciones que tratan de parasitar a sus adeptos) llega mediante varias herramientas, pensadas para acabar anulando la voluntad del sujeto: «Ejercen aislamiento, control de la información, de la alimentación, del sueño… También, a menudo, son sometidos a una continua actividad sin tiempo libre. Este debilitamiento físico les va a llevar a un debilitamiento psicológico con la consiguiente pérdida del sentido crítico, haciéndolos vulnerables al empleo de técnicas de persuasión de tipo emocional», resumen desde el grupo de expertos de la Policía Nacional.

Creen además los especialistas policiales que el gran problema de la nueva fisonomía de las sectas es que cada vez son más indetectables, incluso para los profesionales. «Muchas de ellas, al no trascender de un ámbito muy íntimo y reducido, son difíciles de detectar. De hecho, las actividades proselitistas y de control en muchos casos no precisan de la presencia física sino que se vienen desarrollando de forma virtual. Aspecto potenciado si cabe con la situación de aislamiento impuesto por la pandemia».