Gasteiz Hoy (España), Beatriz Corral, 11.06.2022

Llueva, nieve o haga sol. Todas las semanas, María y Miguel Ángel acuden al parque del Prado (los domingos a las 12:00) y al de Arriaga (los lunes a las 17:00). Ataviados con prendas amarillas (color noble y símbolo de poder en China), despliegan una pancarta, colocan unos folletos y, ante la vista de paseantes y curiosos, realizan diversos ejercicios físicos y mentales al aire libre. En el ambiente resuena una melodia que invita al reposo y la meditación.

Estos dos vitorianos practican desde hace nueve años Falun Dafa, o Falun Gong. Una disciplina espiritual tradicional china, no exenta de polémica, que cultiva cuerpo y mente. Se basa en tres principios universales: verdad, benevolencia y tolerancia. Y consiste en cinco conjuntos de ejercicios de movimientos lentos y suaves, algunos de ellos acompañados por casi una hora de meditación.

«Los ejercicios físicos son importantes porque cultivan el cuerpo. Pero lo más destacado en esta práctica de elevación espiritual es cultivar el corazón y la mente. A medida que nos miramos hacia adentro, quitamos apegos y nociones erróneas», introduce Miguel Ángel. Una cultivación interna que «se refleja en el exterior, y los demás lo notan», añade María.

Ambos aseguran que estos ejercicios «te limpian de alguna forma. Cuando vienes a hacerlo, traes un estado mental concreto: más cansado, enfadado, estresado o confuso. Cuando sales, te sientes totalmente diferente». Esta pareja vitoriana descubrió el Falun Dafa en 2014. Un cartel en la calle llamó su atención y se animaron a probar. Hasta hoy. El tai chi, el yoga y demás prácticas quedaron en su pasado.

Enseñanza gratuita y voluntaria

Tras el aprendizaje, llegó el momento de compartirlo con el mundo. La enseñanza es voluntaria y gratuita. «El Falun Dafa se hace en la calle, en los parques, para que la gente lo vea y se anime a practicarlo. Para compartir con los demás», indican. Así que hace un lustro comenzaron la formación. Los inicios, reconocen, resultaron algo vergonzosos. «Estábamos los dos solos y sientes que te estás exponiendo. Pero luego te lo tomas como un tiempo para hacer la práctica y, quien quiera, se acerca, nos consulta o se une», animan.

No hay ninguna obligación. Cada cual es libre de acudir cuando quiera o faltar sin consecuencia alguna. Incluso, hay quien, simplemente, se sienta a disfrutar de la música. «Son sonidos que no han oído nunca y muchos se paran a escucharla y nos dice que les relaja y da paz», sonríen.

Fortaleza mental

Durante hora y media muestran a expertos y novatos los cinco ejercicios, aunque algunos en versión reducida. «Dos de ellos son de meditación, uno de pie y otro sentado, y con cada uno puedes estar una hora. Hay que estar muy fuerte mentalmente para centrarte y aguantar», admiten. Ellos mismos, pese a que los desarrollan a diario, hacen frente al cansancio o las distracciones. «A veces no tienes ganas, estás cansado o te apetecen otros planes. Pero luego los haces y te sientes mucho mejor, ves que los necesitabas», confirma María.

En estos cinco años aseguran haber enseñado a muchas personas, «aunque luego hay que ser responsables y seguir». No solo con la práctica física, sino también con las lecturas sobre las enseñanzas del Falun Dafa. «Es importante, te abre la mente y encuentras respuesta a preguntas que nos hacemos», alaban.

Una reflexión para «ser más tolerantes y benevolentes con los demás, no discutir tanto, no comportarnos de cierta forma… Cuando nosotros cambiamos, el otro cambia, es bueno para la sociedad». «Intentamos seguir los principios que rigen el universo: ser bondadoso, compasivo y verdadero».

Para Miguel Ángel, lo mejor de esta práctica es que «no hay intermediarios ni jerarquías de ningún tipo. Solo el maestro, tú y las enseñanzas. Los demás somos compañeros que de vez en cuando nos reunimos y está bien, aprendemos unos de otros. Pero la cultivación es algo individual».

Perseguidos en China

A día de hoy, el Gobierno chino mantiene su postura, incluso a nivel internacional, donde el Falun Dafa atrae a miles de personas «y se practica libremente en más de 100 países, desde Estados Unidos a la India, Canadá o Argentina».

«Sus principios eran milenarios y gustó a muchas personas en China, sobre todo a los más mayores. ¡Si había incluso miembros del partido que lo practicaban! Al principio, el Gobierno lo promovía y hasta les dieron premios», insisten María y Miguel Ángel. «Luego empezó la persecución, se habla de cárcel, torturas… A nivel internacional al principio se pensó que era una secta, pero ya se ha aclarado todo», recalcan, antes de despedirse e iniciar una nueva sesión con varios asistentes.