Cadena SER (España), Laura Gutiérrez, 5.05.2025

Juan (nombre ficticio) fue numerario del Opus Dei en España durante más de 40 años. Ocupó cargos de alta responsabilidad dentro de la Orden y, además de trabajar como maestro en colegio de la organización en Navarra, fue director de un centro para numerarios. Lo dejó hace casi diez años tras un proceso mental que le llevó a comprender que había estado atrapado por lo que Juan define como secta. «Me di cuenta de que estaba dando consejos a personas que eran súper dañinos. Era anularles como personas, llevarles por caminos equivocados y yo lo naturalizaba aun sabiendo que era falso», recuerda Juan. «En ese proceso es donde yo comencé a plantearme que el Opus era un sitio con unas características sectarias y decidí dejarlo porque realmente es muy dañino para la persona y para su salud mental», explica.

En los años en los que Juan fue numerario del Opus acompañó a numerosos miembros de la organización con síntomas depresivos para que fueran tratados por médicos de la Orden en la Clínica Universitaria de Navarra. «Venía gente sobre todo de España pero también de otras partes del mundo, de Latinoamérica, a verse aquí», afirma Juan, que explica que todos los casos de numerarios con situaciones de crisis espiritual o de cansancio, «no se resolvían por una vía normal como un descanso, sino que se vehiculaban a través de la clínica». «Había un equipo de médicos, varones y mujeres, todos del Opus Dei y cortados con el mismo patrón, gente que actuaba en apoyo de la institución», relata. «También venía mucha gente derivada por psiquiatras del Opus en las ciudades donde había más numerarios, como Valencia, Murcia o Sevilla donde había como delegaciones de la cuarta planta de la clínica universitaria», señala este ex numerario.

En todos esos acompañamientos Juan pudo comprobar, según relata a la SER, los tratamientos farmacológicos que recibían estas personas. «Me quedaba asombrado cuando acompañaba a estas personas de las toneladas de medicación por lo fuerte que eran, eran tremendamente inhabilitantes», afirma. Años después, cuenta Juan, consultó con algunos médicos sobre la potencia de estos fármacos. «Me decían que se utilizaban para dormir animales y que en las dosis suministradas a la persona la deja totalmente fuera de juego», cuenta y recuerda que el tipo de consulta que se hacía en la clínica «era muy rara». «No era tratar de resolver el problema de fondo de la persona que podía tener que ver con una situación de crisis vital o de cansancio, sino que se trataba de apaciguar o hacer que retornara al redil de la institución; y se utilizaba siempre la medicación».

La cuarta planta de esta clínica, explican estos ex miembros del Opus, es donde se pasaba consulta y se ingresaba a los pacientes para los tratamientos de salud mental. Ahí es donde terminó ingresada Carmen Charo, que entró en el Opus con solo 15 años. Pasó por varias ciudades hasta que en Valencia la nombraron directora de un colegio mayor femenino. «Yo dije mil veces que no porque no me sentía capaz, porque en realidad dentro de la Obra nunca me he sentido bien, pero te van metiendo en la cabeza que es la llamada de Dios y entonces ahí, a los pocos meses de estar con esa responsabilidad, yo me rompí», relata Carmen.

Empezó a tener pesadillas de noche, y de día. «Eran unos ataques de ansiedad grandes que yo ahora identifico que era una crisis vital porque estás viviendo permanentemente dándote contra una pared, porque no te encaja nada de lo que te dicen, nada de lo que vives». Así estuvo un par de años hasta que la derivaron por primera vez a la clínica de Navarra. «Me medicaron, tomaba tres pastillas al día», recuerda. Pero no fue suficiente y tiempo después acabó ingresada en la cuarta planta de este centro hospitalario. Carmen está convencida de que la ingresaron porque explotó en la consulta en contra de todo lo que estaba viviendo. Los dos días se transformaron en dos meses. «Se trataba un poco de que me calmara y de que entrara otra vez en el carril de la vocación y de la obediencia», recuerda Carmen. «Ahí sí que me medicaron muchísimo, por lo menos por las noches», relata, «después de cenar a veces nos reuníamos con otra numeraria y no nos acordábamos de cómo íbamos a la habitación, de cómo nos íbamos a dormir». El control, explica Carmen, era total. A menudo recibía la visita de una numeraria que les llevaba cartas escritas por el fundador del Opus en las que hablaba de entrega y fidelidad. Carmen que no vio a su familia en 15 años recuerda cómo en todas las consultas siempre iba acompañada por algún otro miembro de la Orden. Juan, lo corrobora. «Nunca vi a nadie que fuera con algún familiar». De hecho, Juan explica que como acompañante se enteraba antes de los medicamentos que el paciente tenía que tomar antes de el propio paciente. «Yo alguna vez llamé al director de la casa de la que venía esa persona para contarle lo que nos había dicho el médico», explica, «eran consultas como del Opus al Opus y el paciente es la última persona que importaba en ese proceso».

Tampoco es fácil, según estos ex miembros de la organización, buscar ayuda fuera de la red del Opus, por ejemplo, acudir a un centro de salud o a un hospital cualquiera. «Estando dentro no te lo permiten entre otras cosas porque no dispones ni de un céntimo», afirma Carmen que asegura que ella nunca vio ni una sola moneda de su sueldo. «Pasaba de unas manos a otras sin que yo supiera lo que cobraba, no estaba contratada y no tenía seguridad social, por tanto no tenía posibilidad de acudir a la sanidad pública. A mí no me dejaron», señala. Para Juan la explicación de esta forma de actuar responde a una actitud sectaria. «Eso es resultado de un proceso de lavado de cerebro en el que poco a poco te van quitando todos los lazos que tienes con el mundo real, anulan cualquier iniciativa o movimiento que puedas hacer. Lo único que podías hacer siendo del Opus Dei era acudir a los medios que te proporcionaba el Opus; cualquier otra cosa era de mal espíritu, era ir contra lo que dijo el fundador, lógicas de secta”. Según Juan, la organización «forma soldaditos», «personas que inhiben todo aquello que les hace distintos», y forma «personas que no tienen instrumentos para lidiar con estos temas».

Las prácticas abusivas que relatan estos ex miembros de la Orden ocurrieron, según su testimonio, entre 1980 y 2012. A día de hoy, asegura Juan, “ya no se hace tanto en la clínica universitaria sino que los casos más suaves se tienden a tratar en los lugares de origen de las personas». Este ex numerario está convencido de que «han visto las orejas al lobo» y han dado marcha atrás en algunos asuntos.

El periodista Gareth Gore, autor de ‘Opus’, presentó hace unas semanas al Papa León XIV algunos de estos testimonios en un encuentro en el Vaticano. Como ha avanzado la SER, el Papa, según Gore, le prometió que examinaría todas las pruebas y que pondría en marcha una investigación.

La Clínica Universidad de Navarra, en un comunicado, rechaza las acusaciones de mala praxis. «Afirmar que en esta institución se medica a los pacientes con el fin de inhabilitarlos es una acusación de una gravedad extrema porque atenta contra el honor de sus profesionales y la ética profesional», asegura esa nota que explica que la prescripción farmacológica responde siempre a criterios clínicos, diagnósticos y terapéuticos, ajustados a las guías internacionales de práctica médica.