Newtral (España), Noemí Trujiilo, 10.06.2026

El centro Vida Nueva y sus principales responsables están siendo investigados por diez presuntos delitos después de que tres mujeres que estuvieron internas hayan denunciado ante el juzgado las torturas a las que aseguran haber sido sometidas en este centro evangélico que se presenta como centro de rehabilitación y que recibe dinero público.

A través de ellas, Newtral ha podido acceder tanto a las denuncias como a los autos de diligencias previas incoadas. Los tres casos se han acumulado en el Juzgado N.º 4 de Pamplona, iniciando así un procedimiento judicial para dirimir si el matrimonio de Luis Nasarre y Maricarmen Sotés, fundadores de Vida Nueva, así como otros nueve responsables, han incurrido en algún ilícito penal.

Según los escritos de denuncia, las conductas relatadas por las víctimas podrían ser constitutivas de los siguientes diez delitos: detención ilegal, coacciones, torturas por razones discriminatorias, contra la integridad moral, trata de seres humanos para la explotación laboral, lesiones graves, contra la dignidad de un colectivo vulnerable, extorsión, contra los derechos de los trabajadores, intrusismo profesional, y organización criminal.

Así, lo publicado por Newtral en febrero de 2026 es ahora objeto de investigación en un procedimiento penal.

Algunos de los principales hechos que publicó este medio tras una investigación periodística del centro Vida Nueva, que las víctimas califican de “secta”, describen un supuesto clima de control y anulación de la voluntad, la presunta imposición de matrimonios heterosexuales como paso final de la denominada “terapia”, la eventual realización de exorcismos para liberar a las internas de los “demonios” de la homosexualidad y de la rebeldía, el supuesto control de la vestimenta para ser femeninas pero no excesivamente con el fin de evitar provocar a los hombres, y la realización de trabajos de limpieza tanto dentro como fuera del centro sin cobrar y sin estar dadas de alta en la Seguridad Social.

El psicólogo Miguel Perlado y la abogada Alejandra Rodríguez, ambos especializados en sectas y comunidades de alto control ideológico, señalaron a Newtral que muchas de las conductas descritas por las víctimas coinciden con las conductas habituales y comunes de las comunidades sectarizadas.

Las denunciantes relatan, además, haber sido obligadas a inscribirse como “personas sin hogar” para para obtener subvenciones para su “reinserción social”, pero también aseguran haber presenciado placajes, azotes y bofetadas a menores que estaban internos con sus madres en régimen de acogida, o que se les haya negado atención médica hospitalaria al considerar que las afecciones se pueden curar obedeciendo a Dios. Todos estos hechos forman parte de los extremos denunciados y actualmente son objeto de investigación judicial.

Las tres denunciantes aportan un Informe Pericial de Protocolo de Estambul elaborado por profesionales del Centro SIRA, un centro acreditado en España para evaluación de casos de tortura y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes. Los tres informes periciales —de parte y realizados de forma gratuita al amparo de los servicios jurídicos ofrecidos por la Asociación No Es Terapia, que está acompañando a las denunciantes— concluyen que las tres fueron “sometidas a tortura/malos tratos/trato cruel inhumano o degradante”.

Además, el informe del centro SIRA señala que “existen elementos altamente consistentes y convergentes que permiten sostener razonablemente la hipótesis de una actuación organizada y deliberada por parte de los líderes del grupo”.

“Si bien no corresponde a este informe ni pretende este perito establecer la intención penal en sentido estricto, sí puede afirmarse, desde una modesta perspectiva clínica y psicosocial, que el conjunto de indicios desarrollados permiten plantear con fundamento basado en evidencia la existencia de una intencionalidad orientada a la dominación y al control de la voluntad ajena, compatible con esquemas de abuso de poder y entornos coercitivos, tal como han sido conceptualizados en la literatura psiquiátrica especializada y en ciertos estándares internacionales de derechos humanos”, concluye el documento elaborado por un psiquiatra acreditado del centro SIRA, al que ha tenido acceso Newtral.

Consultado por este medio, el pastor Luis Nasarre, fundador y director de Vida Nueva, señala que, a su parecer, “las denuncias están basadas en cosas que no son verdad” y que proceden de “personas con un nivel de resentimiento alto porque no les encajó” lo que se vivía en el centro.

“Me hicieron una prueba ginecológica para ver si estaba ‘completa’”

Durante un año, Tamara* estuvo rezando a Dios para que en ella naciera algún sentimiento de amor y deseo hacia el chico con el que llevaba saliendo un año y con el que, según su relato, debía casarse. Según consta en la denuncia interpuesta por Tamara, una de las denunciantes del centro Vida Nueva, varias responsables la habrían presionado para que aceptase tener un noviazgo con este hombre, que era un miembro de la iglesia de Vida Nueva. Es lo que la propia Tamara describe como un matrimonio forzado, un hecho que también relatan las otras dos internas de este centro de rehabilitación cuya propuesta de terapia se basa en “vivir el evangelio” y que recibe dinero público, así como pacientes derivados de la administración pública.

La denuncia de Tamara, que ha sido admitida a trámite junto a las otras dos, dando inicio a un proceso judicial por el que se investiga a Vida Nueva y a sus principales responsables por hasta diez posibles delitos, detalla que ella, al ver que a pesar de sus oraciones no se despertaba ningún tipo de afecto por el que supuestamente tenía que ser su futuro marido, cortó la relación. Según la denuncia, cuando los responsables de Vida Nueva se enteraron, le habrían retirado a Tamara los “privilegios” que había adquirido tras cuatro años interna.

Posteriormente, al volver al control férreo al que era sometida al principio y ser obligada a ejercer de vigilante de las madres internas con sus hijos como castigo, labor en la que tenía que exigirles a estas mujeres que azotaran e incluso aplacaran a los menores cuando estos desobedecían, Tamara decidió acabar con su vida. Este hecho no solo aparece relatado en la denuncia, sino que aparece reflejado en su historial médico, al que ha podido acceder este medio.

Poco tiempo después, y tras intensificarse las disciplinas, las vejaciones y castigos contra ella por su intento de suicidio, Tamara logró escapar de Vida Nueva rebelándose contra los responsables para que acabaran expulsándola.

Fue su segundo intento de suicidio en Vida Nueva. El primero tuvo lugar años atrás, tal y como recoge el propio informe de “alta terapéutica” que el centro elaboró para Tamara. Este es uno de los muchos hechos que consta en el escrito de denuncia de Tamara y que ahora investiga el Juzgado N.º 4 de Pamplona.

El centro Vida Nueva, fundado por Luis Nasarre y Maricarmen Sotés, se presenta como un centro de rehabilitación para problemas de drogadicción y de salud mental, pero en la práctica es una casa de obediencia y control, como denunciaron varias afectadas para la investigación de Newtral y como detallan ahora tres de ellas en sus denuncias judicializadas.

Los relatos de las denunciantes que contrastó Newtral hace meses ya apuntaban a prácticas de todo tipo: imposición de tareas de limpieza propias del género femenino, castigos por llevar vestimenta que consideran inapropiada en mujeres, posible explotación laboral al llevarlas a limpiar negocios fuera del centro sin estar dadas de alta en la Seguridad Social y sin cobrar, matrimonios forzados e incluso prácticas que las denunciantes describen como exorcismos para liberarlas del demonio de la rebeldía y de la homosexualidad.

Además de todo esto, las tres denuncias, facilitadas a este medio por las propias afectadas, detallan más situaciones comunes. Por ejemplo, las tres, Mónica*, Tamara y Sheila*, coinciden en que cuando no obedecían, se usaba la salud mental para infundir miedo, amenazándolas con que las iban a internar en un psiquiátrico o llamándolas directamente locas y dementes.

Las denuncias describen terapias de conversión para modificar la sexualidad

También relatan que tenían que confesar públicamente sus intimidades, en los cultos, delante de otros internos e internas del centro y de miembros de la iglesia. La denuncia de Mónica recoge que tuvo que contar que gracias a Dios había dejado de sentir deseo hacia las mujeres y que ahora era una buena mujer. “A mí antes me gustaban las chicas y gracias a Dios he podido corregir eso” o que “antes era mala y ahora veo mi pecado y gracias a los pastores y responsables puedo ser quien soy” son frases que se vio forzada a pronunciar en los cultos.

Y Sheila fue forzada, según su denuncia, a contar en el culto que Dios la había librado de un embarazo fuera del matrimonio. Fue poco después de ingresar en el centro, cuando comunicó que tenía una falta porque semanas antes de entrar había tenido relaciones sexuales. Según el escrito ahora judicializado, la convencieron de que el test de embarazo dio negativo gracias a las oraciones –diciéndole que ella sí que estaba embarazada pero que “Dios lo cambió por misericordia”–.

Las tres denunciantes, y así concuerda con las corroboraciones documentales y testificales que realizó este medio, señalan que toda la supuesta terapia de “rehabilitación” estaba en realidad orientada a una terapia para convertir a mujeres “problemáticas” en mujeres “decentes”. Por ello, las tres coinciden en que una de las herramientas de esta secta, como ellas la califican, para anular su voluntad era la revelación y confesión de intimidades.

Por ejemplo, según los relatos, tenían que responder a preguntas personales como el número de relaciones sexuales que habían tenido a lo largo de su vida, qué posturas sexuales habían practicado, si habían consumido pornografía, si habían tenido relaciones con hombres y con mujeres, si habían abortado o si habían ejercido la prostitución.

Dos de ellas, Sheila y Tamara, compartieron, en el supuesto contexto terapéutico con sus responsables, que habían sufrido abusos sexuales en la infancia. A la primera le dijeron que tenía “espíritus de contradicción” y que llevaba “demonios sexuales” que atraían “la suciedad”, haciéndole ver que ella misma había provocado esos abusos por su “iniquidad y espíritus sucios”. A la segunda, su responsable le preguntó si le “habían gustado y que por qué no había dicho nada siendo ya una niña grande [tenía once años] y que si no hubiera querido podía habérselo dicho” a su agresor.

El centro marcaba con cubiertos de color a las personas con VIH, según las denunciantes
Otra de las cuestiones que recogen estas denuncias, y que ya adelantábamos en Newtral, es la petición de datos médicos privados y personales para ingresar en el centro.

Este documento fechado en 2014 —y con el sello del Gobierno de Navarra— muestra que Vida Nueva pedía una analítica de infecciones de transmisión sexual (ITS), especificando la de VIH, a quienes iban a ingresar. Y a las mujeres en concreto, además, una prueba de embarazo y un informe ginecológico. “En especial, condiloma vaginal y/o anal [conocidas comúnmente como verrugas provocadas por el virus del papiloma]”, señala la ficha.

En el caso de Tamara, que ingresó en 2004 cuando tenía 16 años, su denuncia recoge que le requirieron una prueba médica para verificar no solo que no tenía VIH, sino que no había tenido relaciones sexuales con penetración vaginal. “Me sometieron a una prueba ginecológica para ver si estaba ‘completa’, como decían ellos”, explica a este medio. Según la denuncia, tuvo que acudir a una matrona para que expidiera un informe que certificase que “seguía siendo virgen”.

En cambio, Sheila y Mónica no tuvieron que hacerse analíticas. Según ellas, esto se debería a que ellas no entraron voluntariamente, sino “a la fuerza”. Las pruebas, en sus casos, se realizaron a posteriori.

Las tres denunciantes coinciden en que la política del centro era marcar públicamente a las personas que tenían alguna ITS y también a aquellas que ingresaban sin analíticas hasta que los responsables pudiesen comprobar más adelante su estado serológico.

Según relatan las tres, a estas personas las obligaban a comer con cubiertos de color –que no eran de metal y que tenían color, generalmente amarillos o morados– para señalarlas públicamente con la excusa de que había que lavar aparte los cubiertos que empleaban para evitar contagios. Esto era más acuciante, según Tamara, con las personas con VIH, quienes tenían, además, que desinfectar con un chorro de lejía el baño tras cada uso. Las tres víctimas coinciden en que esta forma de actuar se mantuvo “hasta 2012 aproximadamente”, desapareciendo después.

La médica especialista en enfermedades infecciosas del Hospital Universitari de Bellvitge (Barcelona) explica que diferenciar los cubiertos de las personas con VIH u otras ITS carece de sentido epidemiológico y, además, es comunicar información privada de un paciente. Apunta también que el VIH “no se transmite por contacto con objetos inanimados, sino por un contacto estrecho, es decir, fluidos corporales o a través de la sangre”. Abelenda añade que una medida de este calibre “es contraria a las indicaciones de la OMS”.
Lo que sí sabemos que se mantuvo hasta 2014 al menos —fecha que aparece en el documento de ingreso arriba citado— es la petición de datos médicos personales, incluido el estado serológico y el test de embarazo.

Además, tras la investigación publicada en Newtral en febrero, el Departamento de Derechos Sociales reconoció que unos meses antes ya había abierto un expediente al centro Vida Nueva por superar el número de camas por habitación y por la petición de datos médicos privados, aunque dicho departamento no dio ni ha dado más detalles a este medio sobre este extremo.

Consultado por este medio, el pastor Luis Nasarre, fundador y director de Vida Nueva, señala que, a su parecer, “las denuncias están basadas en cosas que no son verdad” y que proceden de “personas con un nivel de resentimiento alto porque no les encajó” lo que se vivía en el centro.

El alta terapéutica de una de las internas de Vida Nueva muestra que la joven intentó suicidarse y que no la llevaron al hospital

Tamara —nombre modificado para preservar su anonimato— ingresó voluntariamente en el centro Vida Nueva a los 16 años porque, según su testimonio, su situación en casa era “invivible con un padrastro maltratador y una madre con depresión”, como ya contamos en esta investigación publicada en febrero de 2026. Llevaba años vinculada a la iglesia a través de su madre, que era miembro, así que cuando después de uno de los campamentos evangélicos de verano le ofrecieron ingresar, dijo que sí. Tamara cuenta que, nada más entrar, le colgaron la etiqueta de problemática porque decían que “era hija de una pecadora”—su madre se había divorciado dos veces—.

El primer día, recuerda, le revisaron la maleta y le hicieron tirar toda aquella ropa que consideraron inapropiada. “Decían que no era decente, que usaba muchas minifaldas”, añade. Tamara describe su estancia entre 2004 y 2008 como cuatro años de “vejaciones, humillaciones y tortura” que, de acuerdo con lo relatado por ella, continuaron hasta 2013, porque aunque recibió el alta terapéutica en 2008, en Vida Nueva la convencieron para que se quedase como responsable. Logró abandonar el centro cinco años después de su alta.

Tamara es una de las tres denunciantes cuyo caso ahora está en manos del Juzgado N.º 4 de Pamplona. Una de las pruebas aportadas es un documento titulado “Informe Terapia para Alta”, que le dieron al finalizar el proceso que el centro presentaba como rehabilitación y que puedes leer completo aquí.

El documento consultado por este medio consta de cinco páginas y no incluye firma identificable de un profesional sanitario ni número de colegiación. Como explica el psicólogo clínico Miguel Perlado, especializado en sectas, “no se puede siquiera calificar de informe de alta terapéutico, sino que se trata de un documento de control ideológico”.

Perlado, que ha accedido al documento con el consentimiento previo de Tamara, considera que la primera cuestión problemática es “ingresar a una menor de edad por los motivos que aduce y además durante cuatro años”. Según el informe, el diagnóstico de Tamara es el de “desmotivación total, inadaptación familiar y social, rasgos de carácter tendente a la depresión y un alto riesgo de iniciarse en el consumo de drogas”.

Y una de las preguntas clave que plantea este psicólogo es “quién diseña la terapia, quién la supervisa, quién la autoriza y quién la lleva a cabo”. “No hay ni rastro de esas cuestiones que resultan fundamentales para llevar a cabo una rehabilitación, teniendo en cuenta a mayores que los motivos de diagnóstico carecen de fundamento. Es por eso que cabe señalar directamente a las autoridades y su responsabilidad en cuanto a supervisar y regular un centro sanitario que debe cumplir unas características”.

El informe de “rehabilitación” cita versículos bíblicos en vez de un manual diagnóstico

A lo largo del documento, no hay referencia alguna a un manual diagnóstico, sino que todas las referencias citadas son versículos de la Biblia: Oseas 4:6, Salmos 32, Juan 16:1, Deuteronomio 28:28… Esto se entremezcla con “observaciones de conducta”, como las define Miguel Perlado. Por ejemplo, el documento señala situaciones como que Tamara “discutía a todas horas” o que el estudio y la alimentación fueron las primeras batallas.

Más adelante, el documento recoge que Dios cercó a Tamara con su amor y consiguió, resaltándolo como algo positivo, que no hiciese lo que quisiese, que comiese menos y que no hablase. “Hay una patologización mental y espiritual de esta chica, una muestra de férreo control del comportamiento y de una total privación de su autonomía”, apunta Perlado.

El documento de “alta terapéutica” sobre su proceso de supuesta rehabilitación está lleno de referencias bíblicas y espirituales como si fuesen referencias a un manual diagnóstico de intervención clínica. Frases como “si obedeces a la rebeldía, el pago que obtienes es muerte”, “ya no eres la novilla indómita que eras, pero tampoco eres todavía un cordero fácil”, “descubres un nuevo lugar: los pies de Jesús” o “Dios alumbra una raíz gorda de religiosidad y respondes muy dócil y abierta a todo” plagan el informe.

Según los responsables de Vida Nueva, centro fundado por el matrimonio evangélico de Luis Nasarre y Maricarmen Sotés, la “rehabilitación” de Tamara habría sido completada porque “los objetivos del tratamiento han sido alcanzados por la gracia de Dios”. Como ya explicó Tamara en la investigación inicial, y como expresan también otras supervivientes, el centro Vida Nueva nunca facilitó a estas internas un horario de sesiones ni una evaluación inicial, tampoco se les asignó un terapeuta cualificado, ni áreas de trabajo ni de formación.

Cabe recordar que Vida Nueva recibe dinero público y hay derivaciones puntuales, aunque sin concierto mediante, por parte de profesionales sanitarios y de servicios sociales. Solo en 2025 obtuvo casi 180.000 euros en subvenciones, y en 2026, de momento, le han adjudicado tres ayudas de 5.668 euros en total.

Un intento de suicidio pero ninguna asistencia médica ni psicológica

Uno de los episodios más graves del informe es en el que reconocen que Tamara, cuando contaba con 18 años, intentó suicidarse: “En junio [de 2007] haces una barbaridad que atenta contra tu vida (bebes lejía) y nos planteamos la expulsión. La rebeldía es fuente de locura, ceguera y turbación de espíritu (Deuteronomio 28:28) y en ese terreno estabas”.

En conversación con Newtral, Tamara explica que antes de ese episodio se autolesionaba en piernas y brazos. “Me hacía esos cortes porque me empezaron a obligar a ver a mi padre biológico, que nos abandonó a mi madre y a mí. Yo no quería y me forzaban a tener visitas con él. De la rabia y el sufrimiento que me producía me autolesionaba. Cuando veían que lo había hecho, me ponían a fregar platos como disciplina. Jamás me llevaron a un psicólogo”.

Tamara relata que “una noche no podía más” y se fue al baño, donde sabía que había botes de lejía. “Estaba ahí siempre porque las personas a las que llamábamos ‘las de color’, porque tenían VIH y tenían que comer con cubiertos de un color diferente a los del resto, debían echar lejía en la taza del váter después de usarlo. Estaba desesperada, así que cogí la botella y pegué un trago. Cuando lo descubrieron, porque estaba con náuseas, llorando y con muchísimo dolor de tripa, me dieron de beber un vaso de leche y me ordenaron irme a la cama. Me dijeron que hacía estas cosas por mi rebeldía y por llamar la atención”.

Tamara recuerda que no fue trasladada a un centro sanitario tras el episodio, a pesar de que estuvo días sin poder comer bien y, en adelante, refirió problemas gastrointestinales. Este medio ha podido consultar la historia clínica resumida de Tamara y no consta ninguna visita médica por este hecho en 2007, año en el que se produjo el intento de suicidio.

“El episodio de la lejía clama al cielo. Me resulta inexplicable que suceda algo así y no se notifique a las autoridades competentes ni se la traslade al hospital. Además del hecho de que una joven llegue a esa situación estando en un centro de rehabilitación. Es muy grave”, apunta Miguel Perlado.

Este medio ha consultado a Luis Nasarre, pastor, fundador y director del centro Vida Nueva, sobre estas cuestiones. Respecto a la omisión de referencias a manuales diagnósticos y preguntado si creen que Dios puede curar afecciones y patologías, Nasarre responde que sí, que “Dios puede curarlo todo, Dios es Dios”.

Sobre el intento de suicidio de Tamara y la omisión de atención médica, Nasarre considera que “se le dio la atención que necesitaba”, es decir, “la atención que nosotros mismos teníamos en ese momento y esa atención fue suficiente”. Alega que “ese intento de suicidio vino precedido de intentos antes de ingresar” y que “hay que leer entre líneas”. Por último, añade que “si fue un intento de suicidio serio, tuvo tratamiento serio”. Preguntado sobre si considera que hay suicidios serios y suicidios que no son serios, Luis Nasarre responde: “Por supuesto”.

La figura de la “sombra”

Como ya contábamos también en la primera investigación, el primer día, además de desposeer a las internas de sus pertenencias, se les asigna una “sombra”. La “sombra”, según los testimonios de cinco víctimas, es una mujer del centro que sigue a la interna en todo momento para controlar que no se comunica con nadie, que no se opone a las órdenes y que cumple las tareas que se le asignan a la “asombrada”.

Explicaban, además, que pasado un tiempo, estas mismas internas tenían que ejercer de “sombra” de nuevas internas. Así lo relataba Sheila: “Recuerdo tener que vigilar que una chica con bulimia no comiera más de lo que le permitían o estar con chicas con problemas de salud mental y si gritaban o se encontraban mal, tener que decirles que el demonio las había atacado y las tenía atrapadas por el pecado. Cómo es posible que las propias internas tuviéramos que encargarnos de algo así, era una responsabilidad terrible para nosotras. Pero sabías que al menos así te librabas de los castigos, de estar en el punto de mira”.

El informe que el centro Vida Nueva entregó a Tamara alude a esta figura al recoger por escrito: “Tercer año. Empiezas a ser mayor y a cuidar a otros. Agosto 2006, primera sombra, que haces muy bien. Sabes corregir con firmeza y ternura al mismo tiempo. Hay fruto en tu vida y Jesús empieza a trabajar en ti”.

“Técnicamente no se puede justificar la figura de la ‘sombra’ en un centro de rehabilitación. Es algo que tiene graves consecuencias para la autonomía de una persona, cuando además el principio de intervención sanitaria es precisamente ayudar a restaurar su autonomía. Puede haber una unión entre alguien del equipo asistencial y el paciente, pero debe ser puntual y requiere supervisión y justificación técnica. Aquí todo eso vuela por los aires”, concluye el psicólogo especializado en sectas Miguel Perlado.

El centro Vida Nueva vuelve a recibir dinero público de Navarra mientras un juzgado investiga a sus responsables por diez posibles delitos

El centro Vida Nueva ha vuelto a recibir una subvención económica del Gobierno de Navarra. Se trata de una cuantía de 5.668 euros en total, obtenida a través de tres ayudas diferentes que proceden del Instituto de Salud Pública y Laboral de Navarra. Tal y como consta en el Sistema Nacional de Publicidad de Subvenciones y Ayudas Públicas, estas tres subvenciones se concedieron el 20, el 22 y el 26 de mayo de 2026.

Estas tres ayudas son en concepto de prevención de adicciones, de promoción del bienestar emocional y de prevención y promoción de la salud.
En 2025, este centro evangélico recibió 55.000 euros del Departamento de Derechos Sociales del Gobierno de Navarra, además de 105.000 euros del Ministerio de Trabajo. También recibieron 12.000 euros del Ministerio para la Transformación Digital y casi 6.000 del Departamento de Salud del Gobierno de Navarra.
En esta ocasión, el dinero público llega casi cuatro meses después de la publicación en este medio de una investigación sobre las presuntas prácticas de terapias de conversión y de explotación laboral, entre muchas otras cuestiones, que llevaría a cabo este centro de rehabilitación para convertir a mujeres “problemáticas” en mujeres “decentes”. Llega, además, cuando los hechos publicados por Newtral están siendo objeto de una investigación en un juzgado de instrucción de Pamplona después de que tres víctimas hayan denunciado.

Aunque el centro Vida Nueva, fundado por Luis Nasarre y Maricarmen Sotés, se presenta como un centro de rehabilitación para problemas de drogadicción y de salud mental, según las denuncias de varias víctimas con las que habló Newtral y cuyos testimonios fueron corroborados a través de pruebas documentales, fuentes independientes y elementos periféricos, en la práctica es una casa de obediencia y control. Ahora, los hechos denunciados están siendo investigados judicialmente, después de que las denuncias hayan sido admitidas a trámite.

Tras la publicación realizada por Newtral en febrero de 2026, el portavoz del Gobierno de Navarra, Javier Remírez, explicaba en rueda de prensa que se estaba tramitando un procedimiento para excluir al centro Vida Nueva del registro de centros de servicios sociales. Desde el Departamento de Derechos Sociales indicaron que una vez fuese definitivo, implicaría que no podrían concurrir a futuras subvenciones en el departamento de este ámbito. Las tres obtenidas en mayo de 2026 corresponden, en todo caso, al Departamento de Salud.

Desde el Gobierno de Navarra detallaron que la revocación del registro de centros de servicios sociales no era por ningún ilícito penal, sino por incumplimiento de una normativa aprobada en 2020 que obliga a tener máximo dos plazas por habitación. El centro tenía más camas por habitación, excediendo así el límite autorizado, como pudieron comprobar en la última inspección.

Pero, además, apuntaban desde Derechos Sociales, “se realizaron otros requerimientos en cuanto a modificación de normativa de ingresos y no solicitud de determinados datos e informes médicos”. Desde la Consejería no quisieron dar más detalles sobre qué datos e informes médicos pedían a las internas e internos, ya que aseguraron estar elaborando el informe definitivo con el que se revocaría el registro del centro de servicios sociales.

En un documento fechado en 2014 sobre requisitos médicos para el ingreso en Vida Nueva, aportado por dos víctimas diferentes a este medio, se podía ver que el centro evangélico exigía pruebas de embarazo a las mujeres y también un informe en el que constase la existencia o no de enfermedades de transmisión sexual.

En una de las tres denuncias interpuestas, que se han acumulado en un mismo caso que ahora está instruyendo el Juzgado N.º 4 de Pamplona, la víctima, que ingresó siendo menor de edad, revela que la sometieron a una prueba ginecológica para ver si estaba “completa” —es decir, para comprobar si había tenido relaciones sexuales con penetración—. Esta misma víctima relata que, al menos durante el periodo en el que ella estuvo en el centro, “a las personas con VIH las llamaban ‘de color’, señalándolas públicamente, porque tenían que comer con cubiertos de un color diferente al resto de cubiertos con los que comíamos las demás”.

Vida Nueva sigue incluyendo en su web que reciben pacientes del sistema sanitario público y de Servicios Sociales
Por otro lado, el portavoz del Gobierno de Navarra insistió en la rueda de prensa de febrero de 2026 en que no había ningún concierto ni derivación de pacientes. Sin embargo, en un correo enviado por Derechos Sociales a este medio en diciembre de 2025, esta Consejería constataba que puntualmente sí se orientaba a pacientes a este centro desde Servicios Sociales de Base.

También en una llamada con Atención al Paciente y Admisión de Salud Mental, el responsable, Javier Emmanuel Litro, reconocía que sí había profesionales que derivaban a pacientes a este centro “en casos concretos”. Una derivación que costearía el propio paciente y que tenía que autorizar Vida Nueva.

A día de hoy, en la página web de Vida Nueva sigue constando que una de las vías de acceso es a través de la derivación del Complejo Hospitalario de Navarra y de los Servicios Sociales de Base.

También lo reiteran en su memoria justificativa, correspondiente a 2025 y colgada en su página hace unas semanas.

A lo largo de estos meses, Newtral ha contactado hasta en tres ocasiones tanto con el Departamento de Derechos Sociales como con el de Salud. A ambos se les requirió saber si habían tomado medidas para solicitar que Vida Nueva eliminase de su página web que una de las vías de acceso es a través del sistema de derivación por parte de la administración pública, hecho que el Gobierno de Navarra negó.

Además, al Departamento de Derechos Sociales se le pidió el informe definitivo por el que se expulsaba a Vida Nueva del registro de centros de servicios sociales para conocer los detalles del expediente. Y al Departamento de Salud si, a tenor de la información publicada, se ha iniciado algún expediente para saber si se están cometiendo hechos contrarios a la legalidad y que atentan contra la salud de las personas ingresadas.

A fecha de publicación de este reportaje, ninguno de los dos departamentos ha respondido a las solicitudes. Tampoco lo ha hecho Presidencia del Gobierno Navarra, a quien hemos consultado estas mismas cuestiones días antes de esta publicación.

*Los nombres de las tres denunciantes han sido modificados para preservar su identidad.