QUICO ALSEDO / ROBERTO BÉCARES| EL Mundo, MADRID| 10.02.2008

MADRID.- Unos dicen que ven a la Virgen. Otros, que lo que ven es una secta. Unos, que Dios es amor. Los otros, que ese mismo dios es en realidad un vulgar chorizo.

No hay término medio en Prado Alto, El Escorial. Casi cada semana se juntan aquí centenares de personas, muchas de ellas de avanzada edad, para rezarle a la Vírgen de los Dolores. Y, a la puerta, una docena con pancartas.

Son la contramanifestación. Les gritan a los otros, en plan guerra santa: «¡Os están engañando! ¡Estáis haciendo el ridículo!». A lo que los primeros responden: «¡Pecadores! ¡Iréis al infierno!».

También dos redactores de este diario, que fueron descubiertos infiltrados entre los feligreses, resultaron demoníacos. «El demonio estaba allí presente», escribió después un fiel en su blog.

La historia empieza el 14 de junio del lejano 1981, con un clásico avistamiento divino. Aquí, en la Sierra madrileña, junto a una fuente y entre alcornoques, no lejos de la A-6, a Luz Amparo Cuevas, de 50 años, se le apareció la Virgen.

No sólo eso. La supuesta madre de Jesucristo le habría pedido a la mujer (nacida en un pueblo albaceteño llamado Pesebre, como repiten los folletos aquí en Prado Alto) que construyera una capilla para que ella pudiera meditar sobre la Pasión de Cristo. A cambio, la Virgen prometía curaciones mágicas a quienes aquí vinieran a rezar el rosario.

Emporio de los Dolores

Dicho y hecho. Más de 25 años después, lo que algunos denuncian como puro negocio va viento en popa, con un bien equipado complejo en el lugar en que la Vírgen supuestamente se manifestó, y nada menos que cinco residencias para feligreses al estilo Opus Dei: dos en El Escorial (Carlos III y Magdalena), otra en Griñón, otra en Torralba (Soria), y una más en Peñaranda de Duero (Burgos).

Las cuatro primeras son residencias de ancianos. En la quinta se forma a los llamados «seglares reparadores» que gestionan y atienden ésa y las otras cuatro. Quienes entran en estas instituciones a vivir donan todos sus bienes a la congregación, explican los críticos. Todo un emporio que se completa con una enorme nave al lado de Prado Alto con una constante y riguroso calendario de cultos y un aluvión de merchandising divino. Domingo tras domingo, desde hace 16 meses, mientras centenares de personas llenan la nave y procesionan después con la Virgen a cuestas para, por ejemplo, «pedirle a Dios que llueva», Juan Carlos Bueno se concentra con otra decena de personas en la puerta.

«Es un puro engaño, una secta peligrosa. Mi hermano venía de forma oculta, y le han abducido. No le vemos desde hace años. No nos dejan tener contacto con él. Ése es el rasgo distintivo de una secta», asegura. Juan Carlos cifra el patrimonio de la autodenominada parroquia de Prado Alto en «unos 30.000 millones de pesetas». Tomás, a su lado, asegura que a un hermano suyo de 33 años «le sacaron 22 millones, los que pudo ahorrar viviendo con su padre y trabajando. Le hemos visto tres veces en tres años». Ellos dos, miembros fundadores de la Asociación de Víctimas de las Apariciones de El Escorial, aseguran que hay interpuesta «una querella criminal contra 19 personas de este entramado», y también «un procedimiento abierto en Portugal por la retención ilegal de una niña de 19 años» que ahora es una de las «seglares reparadoras» de la autodenominada «obra».

Los responsables de Prado Alto lo niegan todo. Aseguran que están en tratos con el Arzobispado de Madrid para su inclusión en la lista de congregaciones católicas de pleno derecho (canónico). En el Arzobispado niegan ese extremo, y los responsables de prensa subrayan que hay orden de no decir una palabra a los medios sobre Prado Alto.

¿Monjas o no monjas?

Las informaciones negativas sobre la presunta secta son contestadas cada domingo en el rezo.

Por ejemplo, si las «hermanas reparadoras» son auténticas monjas o no: «Las llamamos monjas porque van vestidas de monja, pero no lo son. Aunque en la Iglesia pasa igual. Sólo lo son las de clausura, pero a las demás se les llama monjas también», se contaba hace poco a los feligreses, que tienen que lidiar cada mes con alguna que otra información periodística que pone en duda su credo.

Sobre sus internados, aseguran: «Nadie está contra su voluntad». Sobre su presuntamente ingente patrimonio: «¿Que tenemos 30.000 millones? Ojalá. Nuestros residentes nos donan sus bienes libremente, y ya está».

El fisco investiga a la congregación porque las reparadoras no están dadas de alta en la Seguridad Social. «Pero, para nosotros, ellas son iguales que los voluntarios de una ONG. Como no cobran por su trabajo, no han de estar dadas de alta en la Seguridad Social. Aún así, acataremos lo que diga la Justicia», señala uno de los dirigentes de la congregación, un hombre de mediana edad, raza negra y próximo al PP, comentan los críticos.

Sobre ésta y otras críticas, dice: «También cualquier orden de la Iglesia, al fundarse, pasa por calamidades y dificultades. Pero al final Dios es justo, y conseguiremos entrar en el manto de la Iglesia, si él quiere». A lo que los críticos adosan: «Si él quiere y no os detienen antes».