La Voz de Galicia (España), Gladys Vázquez, 26.03.2026

«Es un cambio de postura sobre el uso de nuestra propia sangre». Así presentaron el viernes los Testigos de Jehová la última modificación en su doctrina. Según el informe del Cuerpo Gobernante, el grupo de hombres que dirige la organización a nivel mundial, los miembros de este grupo religioso podrán aceptar autotransfusiones. «La Biblia no dice nada sobre el uso de la sangre de la propia persona al recibir atención médica y quirúrgica», argumentó Gerrit Lösch, uno de sus líderes. Un cambio que llega cuando es más que conocido socialmente que rechazan estos procedimientos por motivos religiosos. No los cuidados sanitarios, pero sí los tratamientos hematológicos. Ahora contemplan los análisis o tratamientos en los que se usa la propia sangre, «como los que utilizan una máquina de circulación extracorpórea». Cada cristiano deberá tomar la decisión y si permite «que se le extraiga sangre, que se almacene y luego se le vuelva a introducir».

La Asociación Española de Víctimas de los Testigos de Jehová valora este cambio doctrinal como algo «relevante» en sus más de cien años de historia, pero cree que es una «medida de cara a la galería».

«En caso de una hemorragia grave o de un accidente, van a estar en la misma situación: no van a poder utilizar sangre y van a seguir poniendo en riesgo a sus miembros», explica su presidente, Samuel Ferrando.

Hasta ahora, los Testigos de Jehová tenían prohibidas las transfusiones de sangre, ya fuese suya o ajena. Miguel Perlado, psicólogo forense experto en sectas, insiste en que «es imposible tener la sangre propia suficiente reservada para un evento que no se espera». Pone como ejemplo enfermedades graves, como el cáncer infantil. Explica además cuál es la lectura que hacen. «Se basan en el principio de la ley de Moisés, a partir del cual se cree que la sangre una vez que abandona el cuerpo pertenece a Dios. Entonces, si la sangre humana pertenece a Dios cuando abandona el cuerpo, ¿qué diferencia hay entre recibir la propia sangre almacenada o la sangre donada de un tercero?».

El colectivo argumenta que rechazan el uso de la sangre de otras personas por motivos religiosos y que tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento así se lo mandan. «Los eruditos del texto bíblico coincidirán en que toda esta cuestión se refería al consumo de sangre animal, no a la sangre humana». Perlado suma más contradicciones. En las Sagradas Escrituras, «la sangre se considera de naturaleza sagrada cuando representa una vida que se pierde. La sangre donada, en realidad, no supone la pérdida de una vida, sino que es un fluido corporal que ya no le pertenece a la persona, sino que le pertenece a Dios, siguiendo la idea de los Testigos de Jehová, y se utiliza además para salvar una vida que es sagrada». Le llama la atención que hayan empleado el término «aclaración» en su comunicado. «Da lugar a la lectura de que “no se había entendido lo que nosotros decíamos”. Y no es así porque lo que la organización sostenía era claro y rotundo». Lo ve como «un paso estratégico» en un futuro cambio de políticas y a pocos días de su gran festividad del 2 de abril. «Les dejan un margen indefinido donde cada uno tendrá que resolver el asunto por sí mismo y con su conciencia». También la actualización de la documentación con los Comités de Enlace con los hospitales, donde tienen que tener actualizados los consentimientos.

Luis Santamaría, profesor e investigador de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), define este giro como «un hecho significativo», pero para nada «histórico». Se trata de un ejemplo más de ese lenguaje sibilino del Cuerpo Gobernante, según el cual cada adepto gozaría de libertad de conciencia a la hora de tomar una decisión, cuando la experiencia nos dice que, en la práctica, los miembros están sometidos a una fuerte presión de carácter doctrinal y grupal», explica.

Santamaría insiste en que no es su primer cambio doctrinal. En este caso, una necesidad. «Están aparentando una relajación en sus normas rígidas e intentando frenar el abandono, sobre todo de adolescentes y jóvenes, que viven de forma dramática un contraste entre lo que están viviendo en la secta y la realidad de los mundanos, como llaman despectivamente a los no testigos con los que comparten aulas y lugares de trabajo».

«Dejaron mi supervivencia en manos de Dios»

Los padres de Marcos prefirieron anteponer la obediencia y la creencia a la salud de su bebé. Este madrileño de 48 años nació con un grave problema de salud. Tenía incompatibilidad sanguínea con su madre, algo que ya le había pasado a uno de sus hermanos. Su progenitora podía haber optado por un tratamiento para solventarlo, pero, como tenía componentes sanguíneos, lo rechazó. «Ella dice que no se lo ofrecieron, y me parece imposible». Así que Marcos nació gravemente enfermo. «Les dijeron que si no me hacían una transfusión me iba a morir». Tampoco lo hicieron.

Sus padres eran testigos de Jehová. «Bajo su sistema de creencias, aunque el hijo muera va a resucitar en un futuro paraíso. Decidieron dejar el asunto en manos de Dios». Marcos no hace reproches porque sabe que no lo querían dejar morir. Era su forma de creer y sentir. Él sobrevivió y tiene una teoría que le gustaría confirmar. Maneja sospechas de que algún médico se tomó la justicia por su mano. Le falta información. «Me salvé y mis padres quedaron como un ejemplo de fe por no haberme puesto la sangre. Para la congregación eran un ejemplo».

Marcos no habla desde el odio, y eso que él rompió con los Testigos de Jehová a los 19 años. «Me salí o, más bien, me echaron», explica. El motivo fue su homosexualidad. Su propia familia lo rechazó. «No hablo desde el odio. Yo creo que tienen que revisar desde arriba el sistema de creencias porque hacen daño. A mí me lo han hecho, pero sé cómo sienten. No los justifico, pero hay que estar dentro. Hay gente buena».

Marcos cuenta esta historia apenas unas horas después de haber salido del hospital tras haber recibido un doble trasplante, de riñón y páncreas. Un duro proceso en el que precisamente le tuvieron que hacer una transfusión. «Llevo 27 años fuera y aún sentí algo de culpa. Me vi con la sangre entrando en mi cuerpo y me generó preguntas. Fue un momento y deseché el pensamiento, pero son creencias que calan».

Ahora, este ilustrador, que está escribiendo su historia, se abre sin rencor a los que siguen dentro. «Toman esta medida de las autotransfusiones porque se ven acorralados por la sociedad y porque estas ideas hoy en día se ven mal. Es, sobre todo, un lavado de imagen».