El País (México), Elías Camhaji, 17.102.2022

Ninguna secta ha tenido un impacto mediático tan fuerte como NXIVM (se pronuncia Nexium) en los últimos años. Aunque se fundó a finales de los noventa en Albany (Nueva York), la huella que dejó en México ha sido indeleble. Fue en México donde Keith Raniere, conocido entre sus seguidores como Vanguardia, se escondió antes de ser detenido en marzo de 2018. Fue en México donde la secta se infiltró en los círculos políticos y de la farándula, con Emiliano Salinas, el hijo del expresidente Carlos Salinas de Gortari, como la cara más visible de la membresía en el país. Cuando se destapó la existencia de DOS, un grupo secreto de “esclavas” dentro de la organización, cinco de las ocho víctimas principales eran mexicanas y 11 de las 25 personas del círculo más cercano al líder también.

Raniere fue condenado en Nueva York a 120 años de cárcel por delitos como tráfico de personas y explotación sexual en agosto de 2020. Pero el escándalo de NXIVM ha resucitado al sur de la frontera una y otra vez. Se coló en las elecciones a gobernador de Nuevo León cuando salió el año pasado a la superficie un video de Clara Luz Flores, la candidata de Morena, el partido de López Obrador, con el líder de la secta. Se utiliza para desacreditar las críticas del periódico Reforma al Gobierno, recordando que Rosa Laura Junco, la hija del dueño del diario, fue miembro. Se usa también como recordatorio de que el grupo, pese a todo, nunca se enfrentó a la justicia en México. La lista puede seguir y seguir.

Por eso, la deuda que tenía The Vow, el documental de HBO sobre la secta, con México era grande. El proyecto televisivo más exitoso y ambicioso sobre el auge y caída de NXIVM dio al país latinoamericano un papel secundario durante la primera temporada. Y la promesa de los productores era que en esta segunda entrega, que se estrenó esta semana, se hablaría mucho más de la rama mexicana de la historia.

En las escenas iniciales del programa, un policía local describe el aparatoso operativo para capturar a Raniere, oculto bajo el sol del océano Pacífico en Vallarta. Los agentes mexicanos siguieron de cerca al líder del culto, vieron quiénes lo cobijaban en su escondite y lo encontraron agazapado en un armario. Se escucha a una de las seguidoras mexicanas reclamar a los elementos por su entrada abrupta a la casa. Y se muestra la imagen de quien se presentaba como uno de los hombres con el IQ más alto del mundo, súbitamente derrotado dentro de una patrulla.

Pese a estar tras las rejas desde hace dos años, Raniere “habla” en el documental. La producción presenta llamadas desde la cárcel del líder con sus seguidores, soliloquios de cómo el sistema de justicia “lo convirtió en un monstruo” y de cómo la sociedad crea esos monstruos para reconfortarse e ignorar sus problemas y contradicciones. Los directores decoran la falta de acceso a la prisión de Nueva York con imágenes de los bailes que sus seguidores más leales hacen afuera para protestar contra su encarcelamiento.

En el resto de la trama, The Vow hace alarde de un acceso total, una presencia casi omnipresente. La primera temporada puso los reflectores sobre los antiguos miembros que fraguaron la caída de su gurú, expusieron la existencia del grupo de “esclavas” y sacaron a la luz cómo las integrantes de DOS eran marcadas “como ganado” con las iniciales de Raniere en la pelvis: el director de cine Mark Vicente y las actrices Sarah Edmonson y Catherine Oxenberg, estrella de la serie Dinastía e hija de la princesa Isabel de Yugoslavia. Esta vez, el otro bando decide romper el silencio, con Nicki Clyne a la cabeza, que abandonó su carrera como intérprete televisiva para volcarse en su “proceso de autodescubrimiento” en NXIVM. “El sexo no era el foco de nada [en DOS], la gente está obsesionada con el sexo”, sostiene Clyne. “Era también un grupo para caminar o ir a tomar café”, agrega, en un intento de restar importancia a las acusaciones. Sus declaraciones prometen estar entre las frases más recordadas de toda la serie. Marc Agnifilo, abogado de Raniere, emerge también en el papel de villano, justificando que todo se trata de una gran conspiración y haciendo alarde de una profunda misoginia.

El plato fuerte de la temporada, sin embargo, es la presencia de Nancy Salzman, cofundadora y segunda de a bordo de NXIVM. Prefecta, como era conocida al interior de la organización de coaching, aparece con el brazalete geolocalizador que debe usar por mandato de la corte, después de declararse culpable de crimen organizado para evitar ir a juicio junto a Raniere. Salzman explicará por qué fue la primera persona del círculo cercano en “traicionar” a Vanguardia e intentará desmarcarse de las acciones del líder de la secta, negando también su cuota de responsabilidad.

Pero no habrá ninguna voz en off que explique eso con claridad en el documental. Como en la primera temporada, la figura del narrador no existe. Y ese es el principal problema de todo el proyecto. Tiene imágenes inéditas, voces que antes se habían negado a dar su versión, escenas que harán levantar a los espectadores del asiento. Pero nadie da contexto de esas declaraciones ni de esos materiales. Nadie obliga al televidente a hacer una pausa para reflexionar sobre cómo el rastro de los abusos de NXIVM no solo se refleja en los escándalos sexuales, la destrucción de familias, el gran negocio millonario de un fraude piramidal. También es patente en la manipulación masiva que sigue presente entre sus últimos seguidores, aferrados a su inocencia y a todo tipo de conspiraciones, a que años y años invertidos de su vida no fueron entregados en vano a un agresor sexual condenado.

Eso se pretende equilibrar con la visión de “ambos lados de la historia”. Por ejemplo, Verónica Jaspeado, una actriz mexicana de telenovelas que fue reclutada en DOS, da testimonio de los daños que sufrió y de cómo aún no puede entender cómo llegó hasta ahí. Por momentos, sin embargo, el documental cae en un intercambio de voces y golpes a favor y en contra, bajo el argumento de la neutralidad y la subjetividad de cómo le fue a cada uno de los miembros. Y eso se traduce en más ruido y confusión. La propia Clyne, acérrima defensora de Raniere y expareja de la actriz y coacusada Allison Mack, jugueteaba con esa idea en sus redes sociales: “Los documentales no son diferentes a la lucha libre profesional, mucha gente ‘sabe’ que no son reales, pero eligen creer en ellos porque es más entretenido”.

A final de cuentas, The Vow vuelve a apostar por las fórmulas que le garantizaron el éxito hace unos años: una historia explosiva, personajes sólidos, acceso tras bambalinas al escándalo y un producto final estético, bien cuidado, bonito. Los seis capítulos de la temporada prometen una nueva dosis de NXIVM: una historia que debajo de una capa de estridencias apela a nosotros mismos. A las dudas existenciales, a la necesidad de pertenecer y trascender, a las perversiones y fracasos de la sociedad actual, escenificados en el ilusorio mundo de los “ricos y famosos”. Y todo eso es lo que hará que miles de personas se vuelvan a pegar al televisor cada semana.