La Nación (Argentina), 27.12.2022

En un casco de estancia conocido como La Ermita el sacerdote Manuel Fernando Pascual organizaba retiros espirituales para la congregación Hermanas de San José. Su posición de líder le permitió sostener una intensa “manipulación” sobre las mujeres que concurrían a ese lugar y que vivían en el edificio situado en Bavio al 2800, en Núñez. En ambos lugares, Pascual cometió abusos sexuales. Así lo determinó el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°3, que fijó una condena de 12 años de prisión por los repetidos ataques sufridos por dos religiosas, con hechos que se sucedieron entre 2012 y 2016. Se trata de abusos agravados por haber sido ejecutados por un ministro de un culto. Las víctimas fueron querellantes en la causa.

Los testimonios de las víctimas expusieron que Pascual explotaba su posición de liderazgo para someter a esas mujeres. Incluso, declararon que el sacerdote las “confesaba y absolvía de sus pecados” solo si se quitaban la ropa y que rezaba con ellas luego de las violaciones. La Justicia determinó que 25 años atrás ese sacerdote había sido procesado por abusos sexuales, pero que la causa no avanzó y los abogados de Pascual pidieron y lograron la prescripción del caso. De todas maneras, esas mujeres que habían denunciado entonces al cura fueron escuchadas como testigos en las audiencias de este juicio. Más de una decena de monjas y exreligiosas expresaron ante el tribunal que fueron víctimas de abusos o, al menos, acosos, por parte de Pascual.

“Estos abusos no solo fueron evidentemente sexuales, sino también de poder y de conciencia, al violentar primero su condición de mujer y también lo más profundo de su vocación y fe bajo una obligada pero desvirtuada obediencia a su guía espiritual, según él, en el método del amor”, aseguró en su alegato el fiscal Andrés Esteban Madrea, que contó con la colaboración de la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM).

La decisión de condenar al sacerdote fue tomada por los jueces Gustavo Valle y Gustavo Rofrano mientras que magistrado Gabriel Vega votó en disidencia. Los fundamentos de la sentencia se conocerán el próximo 27 de marzo de 2023, de acuerdo con la informado por el Ministerio Público Fiscal en su portal de noticias.

“De acuerdo al alegato de la fiscalía -que coincidió con lo planteado por la querella-, Pascual cometió distintos hechos de abuso sexual con acceso carnal contra dos religiosas de la Congregación San José en un contexto de manipulación coactiva, intimidación y abuso de poder, agravados por su condición de sacerdote. El representante del Ministerio Público Fiscal consideró probado que el sacerdote, desde su rol de confesor y guía espiritual, se aprovechó de las distintas vulnerabilidades de las personas bajo su dirección y formación, para someterlas a diversas formas de violencia sexual”, se detalló en el informe de fiscales.gob.ar.

Según  determinaron los investigadores, “los abusos sexuales se extendieron a lo largo del tiempo, y ocurrían durante charlas formativas, espirituales y confesionales, e incluso en medio de distintos sacramentos”. Los hechos ocurrieron entre 2014 y 2016 en uno de los casos, y entre 2012 y 2016 en el otro, dentro de la comunidad de las Hermanas de San José, ubicada en Ernesto Bavio al 2800.

“Las mujeres también denunciaron situaciones de violencia sexual ocurridas en un lugar denominado La Ermita, un campo en capitán Sarmiento donde se realizaban retiros espirituales y misas oficiados por el imputado. Relataron en la causa que Pascual hablaba de ‘sanarlas’ de sus heridas de ‘amor’, de practicar su sexualidad en múltiples formas y momentos, ello para conocerse, al tiempo que las convencía de que debían ‘dejarse querer’ por él. En esa línea, las víctimas dijeron que el sacerdote incluso las ‘confesaba y las absolvía de sus pecados’ durante esas situaciones de desnudos físicos o ‘rezando’ en el ínterin de los abusos sexuales”, se detalló en la acusación de la fiscalía.

El condenado era el fundador de la Congregación San José, además del director espiritual y confesor de las monjas que allí residían, y el dueño de La Ermita, el lugar donde se realizaba los retiros espirituales y donde se registraron los abusos sexuales.