La Vanguardia (España), 29.01.2022

Emma Kunz (1892-1963) nunca fue reconocida en vida como artista. Ella misma se consideraba sanadora profesional, investigadora y naturópata, con una visión holística del mundo. Dentro de esa práctica, en 1938 comenzó a realizar una serie de deslumbrantes redes de líneas rectas o círculos concéntricos similares a mandalas en sesiones que podían durar 24 horas, hasta llegar al borde del colapso. Los utilizaba como parte de su terapia, colocándolos entre ella y sus pacientes, o como guías para la meditación y el diagnóstico. Diez años después de su muerte, cuando sus dibujos (dejó un legado de unos 500) vieron por primera vez a la luz, la visionaria artista suiza entró a formar parte del club de los “outsiders”, como les sucedió a tantas mujeres artistas que abrazaron lo espiritual –acaso porque ese ha sido un terreno solo permitido a los hombres, a los que consideramos genios–, pero el tiempo ha acabado por darle la razón:“Mi obra visual está destinada al siglo XXI”, decía. Hoy Emma Kunz no sólo es ya una “insider” dentro de la historia del arte, sino que ejerce una fascinación creciente entre los artistas contemporáneos.

 

“Es muy interesante ver cómo ha ido cambiando la percepción de su obra”, señala Yasmin Afschar, historiadora de origen iraní afincada en Suiza, para quien “el concepto de un arte expandido es hoy algo muy evidente, pero esa forma de pensar ya está en Kunz, a quien le interesaba la lo espiritual, la naturaleza, la relación entre la ciencia y el arte, su capacidad de sanación”. Afschar es la comisaria de Universo Emma Kunz. Una visionaria en diálogo con el arte contemporáneo , exposición que este viernes  se inauguró en Tabakalera de San Sebastián y que reúne una selección de 40 dibujos con obras de dieciocho artistas contemporáneos que a ratos resuenan y otras le hacen de espejo.

Emma Kunz tuvo una vida fascinante, que sin embargo se encuentra plagada de agujeros negros. Nacida en 1892 en Brittanau, en la Suiza rural, de una familia de tejedores de telares, en 1913 se embarcó rumbo a Nueva York seguramente en busca de su amor de infancia –en los documentos de a bordo está registrada como modista– y diez años después se sabe que trabajó como ama de llaves para la familia del pintor Jakob Friedrich Welti en el cantón de Obwalden. Era consciente de sus habilidades especiales de clarividencia y radiestesia desde niña, pero no fue hasta finales de los años treinta cuando ya instalada en su propia casa, en cuyo jardín cultivaba flores medicinales, comienza a dibujar sobre cuadrículas de papel con la ayuda de un péndulo de adivinación Planteaba una pregunta (personal, política, filosófica o religiosa) y marcaba los movimientos del péndulo como una constelación de puntos sobre los que luego dibujaba las líneas principales. No los fechó ni los tituló. No eran arte, sino instrumentos que le ayudaban a diagnosticar a sus pacientes, visualizando en los dibujos el efecto sobre el cuerpo y la mente humana de las energías y fuerzas invisibles de la naturaleza.

“No sabemos cuál es su significado, apenas nos dejó nada escrito, y toda la información con la que contamos son los testimonios de sus vecinos, familiares y pacientes a los que Harald Szeemann [el gran comisario de exposiciones y bienales que cambiaron la historia del arte y su descubridor] entrevistó diez años después de su muerte”, señala Afschar, “por lo que son recuerdos y hay que poner distancia crítica.

Kunz se negó a aceptar discípulos y a convertirse en gurú. Sus dibujos eran representaciones de algo invisible y ella, pensaba, no las tenía que dar soluciones a nada porque cada uno debía buscar el conocimiento y la conciencia cósmica dentro de si mismo. Y el arte era un vehículo para estar en contacto con dimensiones más allá de las de nuestra conciencia cotidiana. A menudo volvía a los dibujos más antiguos y, al permitir que sus vibraciones influyeran en su mente, buscaba respuestas a nuevas preguntas. En su imaginario, cada color y cada forma tenían un significado preciso. Pero no quería distorsionar su mensaje fijándolo con palabras escritas.Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, preguntó a su péndulo y según algunos testimonios predijo que Estados Unidos desarrollaría un arma con el potencial de destruir el mundo, una predicción que a menudo se relaciona con las bombas atómicas que detonaron en Japón en 1945.

Emma Kunz, que ha sido expuesta en la Documenta de Kassel o la Bienal de Venecia, tiene su propio museo en Würenlos, cerca de una cantera romana donde descubrió campos de energía y las propiedades curativas de una roca a la que llamó AION A, que aún hoy se vende en las farmacias suizas. También polarizó caléndulas para influir en su crecimiento. Su exposición en Tabakalera (hasta el 19 de junio) se completa con propuestas de artistas como Nora Aurrekoetchea, Diego Matxinbarrena, Mai-Thu Perret, Goshka Macuga o Dora Budor, cuyas creaciones conectan con la naturaleza, el cosmos, lo desconocido o el poder curativo del arte.