El Caso (España), Claudia Ibáñez, 13.01.2022

Noé Germán Pasciuto es un joven de doble nacionalidad, argentina e italiana, que desapareció definitivamente en septiembre de 2017 en las calles de Barcelona, con 31 años, aunque su familia lo busca desde hace ya casi una década.

Sus padres, Pascual y María, explican a El Periódico que ahora empieza la cuenta atrás para poder encontrarle antes de tener que abandonar la capital catalana. Y es que llevan instalados en España varios meses, pero ahora se ven obligados a apurar los últimos días porque en febrero deberán volver a su Argentina natal tras quedarse sin recursos.

Están jubilados y no tienen opción de trabajar, por lo que buscan desesperados a contrarreloj y piden la solidaridad ciudadana, «buscando en cualquier rinconcito cualquier indicio que nos lleve a encontrar a nuestro hijo».

La última noticia de Noé vino de los Mossos d’Esquadra en Barcelona, que lo pararon tras encontrarlo en la calle sin identificación y le hicieron una foto para la ficha policial en la que su aspecto ha cambiado y alertado a sus padres: se le ve «desmejorado, parece verdaderamente otro. Tiene una mirada distraída. Está en un estado psicológico deteriorado», dice Pascual a la periodista Tamara Morillo.

«Creíamos que era un bohemio, que quería viajar, pero ahora sabemos que necesita ayuda, nuestro hijo está mal» lamentan. Porque el joven hace casi diez años que abandonó el nido y su brillante carrera universitaria en la Córdoba argentina como ingeniero químico.

En 2007, cuando aún cursaba el grado quiso vivir una aventura: «Papá, mamá, quiero viajar» dijo a su familia, volando primero a Mallorca, luego a Alemania y a Londres, donde «empezó el calvario» de esta pareja que busca a uno de sus cinco hijos.

Una aventura viajera que acabó en una secta en Londres

Fue en la capital británica en 2012 donde se unió a un grupo «tirando a hippie, quizá sectario», lamentan los padres. «Hasta que llegó a Inglaterra nunca perdimos contacto con él», explica su madre, «pero empezó a cambiar».

Progresivamente, el teléfono dejó de sonar en Argentina durante casi un mes, tras el que denunciaron la desaparición del chico a la policía y los consulados, que dio un escaso fruto a los tres meses.

Noé les llamó para explicarles que estaba en un grupo «practicando el desprendimiento de la familia, que él quería practicar el desapego. Nos agradecía la clase de padres que habíamos sido con él, la educación que le habíamos dado». Los padres, sorprendidos, le dieron espacio, pero nunca imaginaban que perderían el contacto por completo.

Lo encuentran en Roma después de nueve años

Tras la nueva ausencia, la familia recurrió a la Interpol, que dio con él en 2016 en el consulado argentino en Roma intentando renovar el pasaporte.

Una de sus hermanas, que vivía en Barcelona, voló para verle. «Estando los dos en la Embajada salieron a caminar», relata María a la periodista del medio citado.

Y Noé le enseñó dónde estaba viviendo: en la calle. Con un móvil de juguete y un discurso ambiguo y extraño volvió a repetir que prefería desapegarse de su familia.

Y en un despiste de su hermana, el joven huyó, dejando sus pertenencias en el consulado y sin dejar rastro. «Nosotros no somos psicólogos, pero creemos que Noé cayó en un pozo, Noé siguió consumiendo» explican sus padres, que sospechan que también tiene problemas con las drogas, en concreto la marihuana.

«Necesitamos saber algo más»: Búsqueda a contrarreloj

La última pista que tienen de Noé es en Barcelona en 2018 cuando los Mossos le sacaron la foto que ha acabado de preocupar a la familia que reclama: «Necesitamos saber algo más».

Están seguros de que sigue en la calle, pero no saben dónde fue tras salir de comisaría.

Su esperanza ahora recae en la colaboración ciudadana, que piden a la desesperada. La asociación SOS Desaparecidos ha activado la alerta de la red de cajeros Euronet y se sospecha que podría seguir en Barcelona o en cualquier otro punto de España.

«Por favor, si lo ven, hagan una foto. Acudan a la policía, a SOS Desaparecidos, porque de eso depende que lo encontremos. De la gente, de la difusión, de su ayuda», piden en declaraciones al medio citado.

Sus padres están convencidos de que tiene un problema psicológico: «Por eso difundimos esta foto, para asistirlo, médicamente sobre todo», lamenta Pascual. Su familia necesita respuestas:  «Necesitamos que miren su cara. Solo podemos encontrarlo si ustedes lo ven», rematan.