La Nación (Argentina), Pablo Mascareño, 8.06.2020
Voy al encuentro de líderes espirituales para que nos ayuden a abrirnos a nuevas miradas. Otras formas de mirar la realidad y de sentir la fe». Las palabras de la artista visual Gaby Herbstein en el comienzo del primer episodio de Creer para ver define la matriz de esta serie documental que reflejará la travesía que desarrolló a lo largo de diez países con la trascendente misión de entrevistarse con diez líderes espirituales.
Hoy a las 22, National Geographic estrenará la primera temporada de la singular aventura de la reconocida fotógrafa quien debuta como realizadora de este género en el que imagen y palabra se conjugan para construir el relato. «Arrancó a partir de un sueño. Soñé en un libro, en una muestra y que viajaba por el mundo entrevistando a líderes espirituales. Al otro día, comencé a trabajar para hacer posible este desafío que me tomó cuatro años. Desde el primer viaje, me di cuenta que excedía lo fotográfico y que necesitaba un registro audiovisual», explica Gaby Herbstein a LA NACIÓN. Para poder plasmar el material fílmico convocó a Eric Dawidson, director y productor, quien le permitía ahondar en ese diálogo estético deseado. Aquel sueño de madrugada fue una revelación provocada por una búsqueda que la artista venía desarrollando desde hacía tiempo: «Hace muchos que años que estoy trabajando con ideas que implican transmitir espiritualidad, y eso tenía que ver con lo que iba leyendo, incorporando o recordando como dice la Abuela Magarita, una de las protagonistas de la serie. Ese recordar tiene que ver con que todo está dentro nuestro».
Ya en su proyecto Estados de Conciencia , Herbstein volcó parte de sus conocimientos sobre las diversas corrientes espirituales que formaban parte de su campo de estudio. «Además, colaboré para diferentes fundaciones, desafiándome a transmitir mensajes por medio de las imágenes que creaba para sembrar semillas de conciencia. Venía recorriendo un camino. Este documental fue una consecuencia de todo eso. Nada es casual», reconoce la creadora de La Diablada , aquel seriado visual que revalorizó a las culturas originarias.
Para concretar los ocho episodios de Creer para ver , Herbstein recorrió largos caminos, travesías que implicaron sacrificios, aventura, transitar lugares inhóspitos, y situaciones extremas. Pero también significó el sendero para llegar hasta esos líderes que iluminan. «La intención es compartir la maravilla de las ideas de estos maestros que, en distintos puntos del planeta, hablan de lo mismo», explica quien es considerada una de las referentes de la fotografía argentina de este tiempo y una de las más destacadas artistas visuales definida por su planteamiento del trabajo estético involucrándose desde la profundidad del ser: «Como decía Henri Cartier Bresson: ´Fotografiar es poner en la misma línea, el cerebro, el ojo y el corazón´».
-Fueron diez viajes marcados por la intensidad espiritual y el desafío físico. ¿Te tocó atravesar situaciones extremas?
-Con el equipo pasamos de todo. En Groenlandia dormimos, al pie del glaciar, todos juntos en la misma carpa. Era un momento del año en el que nunca se hacía de noche así que descansábamos con anteojeras y con un frío de locos. Allí estaban Angaangaq, el chamán esquimal y varios chamanes y chamanas de Nueva Zelanda y Groenlandia porque se trataba de un encuentro especial.
-¿Qué te movilizó de ellos?
-Verlos llorar y cantarle al glaciar fue muy movilizador. Le cantaban a un glaciar que se derretía ante nuestros ojos. Lo más angustiante fue que el chamán Angaangaq nos decía que el daño ya estaba hecho y que ese glaciar, indefectiblemente, va a desaparecer. En una palabra, el daño al planeta no tiene vuelta atrás y los humanos no tomamos conciencia de eso. Él decía que, cuando se retire el glaciar, allí crecerá vegetación porque el planeta se recicla siempre. Pero, ¿qué pasará con el ser humano?
-En la serie, sobre el vínculo entre el planeta y el hombre se lo observa al chamán mexicano Abuelo Héctor reflexionar no de manera apocalíptica sino con sensatez y conocimiento de causa.
-El nos explicaba que el problema serán las condiciones de vida para los humanos, no para el planeta.
En su derrotero en busca de esos líderes atípicos, Gaby Herbstein se topó, en un encuentro chamanístico en Chile, con la mexicana Abuela Margarita, un ser iluminado de jóvenes 86 años: «Ella no quería que la fotografíen, durante un año la llamé para lograrlo. Cuando me comunicaba, me pedía que le cante para conocer mi alma: ´Somos presencia de Dios´. Finalmente, me dijo que la vaya a ver a Chile, a un encuentro que iba a hacer en la montaña».
-¿Por qué no quería ser filmada?
-Ella decía que no era importante y que no había motivos para retratarla. Estuvimos tres días en Santiago sin poder entrevistarla. Yo estaba desesperada porque había viajado con todo el equipo para eso. Finalmente, me hicieron ingresar a su habitación, me recibió en camisón, y ahí pude explicarle cuál era mi búsqueda. La convencí, pero me dijo que la grabación sería arriba de un árbol. Así que, busqué un árbol bien añejo y la ayudamos a subir. Lo que sucedió fue impactante: se abrazó a una rama y entró en un estado de meditación tan profundo que no la podíamos despertar. La llamábamos y no contestaba. El árbol y ella eran uno, los dos mayores, arrugados. Luego de diez minutos, se despertó y con una sonrisa me dice: «Bueno, sácame la foto».
En esa posibilidad de empatizar con seres de estadíos espirituales superiores y experiencias acontecidas en un plano diferente al de la lógica y la razón, en Siberia, otro de los destinos que mostrará la serie, Herbstein fue testigo del llamado «Canto de garganta», un sonido que emerge a partir de una posibilidad sensorial profunda: «Es una vibración que no se identifica con lo humano, dicen que es el sonido del alma. Esto nos sucedió en la República Chamana de Tuba, el único lugar de Rusia donde está permitido el chamanismo, en la frontera con Mongolia. La gente de chica aprende este canto que yo también pude experimentar. Es tan profunda la vibración que te despierta celularmente y te conecta con la naturaleza. Es una locura. En medio de la estepa siberiana, con unas dimensiones donde una se siente una micropartícula, estar con los chamanes en una ceremonia a las tres de la mañana bajo el sonido de los tambores, es único».
Viaje iniciático
Para la Real Academia Española, el chamán es la persona a la que se supone dotada de poderes sobrenaturales para sanar a los enfermos, adivinar, invocar espíritus. De eso se trata Creer para ver , un concepto que no es un juego de palabras sino la convicción de su creadora en torno a esa fe que atraviesa la existencia y a esos hombres y mujeres que apelan a otras capas del conocimiento de origen ancestral y en relación directa con la naturaleza.
Gaby Herbstein, convencida de su deseo y en plan de concretar aquel sueño, no dudó en invertir sus ahorros para realizar la serie: «Una vez que la tuve terminada se la llevé a Nat Geo». Esa convicción fue la que sedujo también a que se interesara por el proyecto la Organización de las Naciones Unidas: «Fue una autogestión pura, fue creer para ver, realmente. Esa acción de haber creído hizo que Naciones Unidas me convocase para entrevistarme con ellos, en Ginebra, porque tienen un comisionado que trabaja con líderes espirituales. Me dijeron: ´Vos creíste antes que nadie y esa acción fue la que a nosotros nos hace creer en vos´. Sinceramente, debo reconocer que salí de mi zona de confort decidida por este proyecto». Fruto de aquella reunión en Ginebra, hoy Creer para ver está cooperando con Faith For Rights, una iniciativa del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. La misma tiene como objetivo fomentar el desarrollo de sociedades pacíficas.
-El proyecto se concreta luego de cuatro años de un intenso trabajo y el estreno se produce en medio de un cuadro de pandemia. ¿Qué lectura hacés de esto?
-Nada es casual. Estamos pasando por un momento de introspección obligada que nos hizo meter para adentro y replantearnos si somos felices, si todo lo que nos rodea es necesario. Mis hijas, por ejemplo, me retan porque todos los días me pongo la misma ropa. Ahí me di cuenta que tengo el placard lleno de prendas que no necesito. Necesito menos de lo que realmente pensaba. El aislamiento te lo hace ver.
La artista interrumpe la charla sorprendida ante un mantra que se filtra en sus auriculares dicho por el Sri Sri Ravi Shankar, otro de los personajes sobre los que la serie posó su interés. No entiende qué lo puede haber provocado, pero lo celebra. Herbstein ya trabaja en la preproducción de la segunda temporada de esta serie que significa su debut como documentalista y en un libro que refleje su aventura espiritual a través del registro fotográfico y textos. Creer para ver se involucrará en los universos de chamanes de México, Siberia, Austria, India, Malta, Groenlandia y Argentina. El Ravi Shankar abrirá las puertas de su ashram y el gran rabino Admor Hassaraf compartirá el primigenio conocimiento de la Kabbalah. En nuestro país, en San Antonio de Areco, Herbstein estará con el hermano David Steindl-Rast, focalizando en la experiencia de la gratitud. «Cada viaje fue una aventura», reconocerá Herbstein quien, con su propia voz en off, va guiando el recorrido de cada episodio. Una forma de confirmar el poderoso valor de la primera persona para contar historias propias. Esas que son mínimas y gigantes a la vez.
-¿Cómo era la Gaby Herbstein de hace cuatro años y cómo es ahora? ¿En qué te cambió la experiencia?
-Lo que vivencié me hizo ver a la verdadera Gaby, la que no está llena de capas. Al verla, me doy cuenta cuando desconecto porque me vi en mi versión verdadera, que es la versión de mi alma. Gracias a estos maestros y guías, y a las ceremonias en las que participé, conocí mi versión más depurada, esa que vamos perdiendo muy fácilmente. Se trata de un trabajo de todos los días, por eso las herramientas que nos dan estos maestros, hay que aprender a incorporarlas.
-Los chamanes, ¿apelan a la utilización de plantas para sus rituales?
-No. Ninguno de los maestros que visité trabajan con plantas sagradas ni alucinógenas. Ellos creen que se puede llegar al mismo nivel de conexión sin utilizar las plantas, aunque respetan otros procedimientos.
-El tabaco sí es un recurso que se puede observar en la serie.
-Hay ceremonias de la pipa de la paz, y se ve cómo se realiza el trabajo con humo.
-Ante tanto estímulo espiritual, hoy, Gaby Herbstein, ¿en qué cree?
-Creo en mí. Creo en el poder de la naturaleza, en el universo, en lo que algunos llaman el gran espíritu, la luz. Por supuesto creo en un orden superior que podemos definir como Dios, todos tenemos una partícula de Dios dentro nuestro, somos una partícula de Dios. La naturaleza también tiene un orden. En definitiva, hay un orden universal.
-Y en ese orden universal, ¿qué lugar ocupamos?
-Todos tenemos un don y una misión en este plano terrenal.
-A veces recae cierto prejuicio sobre los líderes espirituales en torno a su modo de vida y a su manera de ganarse el sustento. En este sentido, y a partir de tu viaje, ¿encontrás contradicciones?
-Lo que pude comprobar es que viven las vidas que quieren vivir. No se puede juzgar sus formas o su manera de ganarse la vida, no es importante. Algunos están más organizados que otros y viajan dando sus charlas. Desde ya, el que está más organizado tiene mayor llegada y puede ayudar mucho más que el que no está organizado porque no es su forma y no tiene por qué serlo. Son personas y cada maestro tiene su manera. Ravi Shankar, en India, da de comer gratis a 10.000 personas por día, su comedor es el más grande de Asía. Estuve ahí, no me lo contaron, lo vi. Y también hay escuelas que son ayudadas por el ashram del Ravi. Para ayudar es necesario tener recursos. No se puede juzgar eso, hay que evaluar qué hace, cada uno, con su recurso, cómo ayuda a los demás. No juzgar también fue un aprendizaje.
-¿Hubo alguna sensación que te haya extrañado especialmente?
-A personas que no tenían nada que ver con mi vida, las sentía como parte de mi vida. Fue muy curioso.
-¿Qué significado le das a la fotografía en torno a tu modo de vida?
-Es mi instrumento, mi herramienta para contar mi interior.