El Mundo, Lucía Méndez, 29.06.2009
Pilar Salarrullana no había llegado al Congreso tras las elecciones del 86 como una heroína dispuesta a combatir contra el mal, sino como una mujer comprometida con los valores democristianos del entonces PDP, tras la desintegración del que había sido su partido, la UCD. Sin embargo, su vida dio un giro el día en el que recibió en su despacho a los padres de dos hijos captados por una secta. Ella misma, madre de cuatro hijos, se sintió identificada con el dolor de esos padres. Fue entonces cuando esta profesora de instituto, captada para la política por el PDP, se sumergió en un mundo desconocido sin sospechar que con ello le llegaría la fama, pero también las amenazas que la obligaron a llevar escolta. La diputada Salarrullana empezó a estudiar el modus operandi de las sectas, hizo preguntas al Gobierno del PSOE y pidió una comisión de investigación que la mayoría socialista transformó en una comisión parlamentaria de estudio. De repente, decenas de personas desesperadas, víctimas de las sectas, se pusieron en contacto con ella. Prensa, radio y televisión la reclamaron para participar en programas, debates y entrevistas.
Así fue como una bondadosa, afable y tozuda profesora de instituto se convirtió en experta en un fenómeno social que destruía la voluntad de las personas. Ni la Cienciología, ni los Testigos de Jehová ni el resto de las sectas se lo perdonaron porque ella, prácticamente sola, les hizo más daño que nadie al desenmascarar sus actividades. Pilar Salarrullana hubiera tenido una carrera política brillante en el Congreso si no fuera porque fichó por el CDS de Adolfo Suárez y no logró revalidar el escaño en las elecciones de 1989. Nunca se explicó por qué la gente la paraba por la calle para felicitarla por su labor, pero luego no le votaban. Una vez perdida la inmunidad parlamentaria, tuvo que hacer frente a 28 denuncias judiciales por parte de las organizaciones sectarias, por lo que abandonó el combate tras exponer sus investigaciones en varios libros.
Pilar Salarrullana pertenecía a esa clase de diputados que se toman en serio su labor, al margen de las siglas por las que hayan sido elegidos y que no se limitan a apretar el botón de las votaciones. Cuando perdió el escaño se llevó un chasco y se retiró a Logroño, aunque el gusanillo de la política la llevó al Ayuntamiento como concejal del CDS, partido llave que dio la Alcaldía al PSOE, para monumental enfado del PP. Tampoco allí su labor como teniente de alcalde pasó inadvertida, ya que puso la ciudad patas arriba peatonalizando muchas calles y poniendo en marcha una política medioambiental rompedora. Sufrió críticas e incluso soportó caceroladas, siempre atacada por el sector más conservador del PP riojano, a quien ella no dejó nunca de fustigar en sus artículos. En 1995 dejó la política activa y volvió a su puesto de profesora, aunque siguió colaborando en La Rioja, el periódico local, y publicando libros. Incluso se atrevió con la ficción en la novela La segunda venida, que trataba también de las sectas.
La inquieta profesora, política y escritora siempre tuvo la sensación de que su labor no había sido reconocida, en esto le pasaba como a su líder, Adolfo Suárez. En 2007, ya en tratamiento de radioterapia debido al tumor que padecía, el Ayuntamiento de Logroño pagó una deuda pendiente con ella al invitarla a tirar el cohete de las fiestas de San Mateo. Salarrullana no paró nunca quieta, con enfermedad o sin ella. El último artículo lo envió desde un crucero acompañada de su numerosa familia y donde tuvo que subir y bajar del barco para hacer las excursiones en silla de ruedas. La clase política riojana reconoció ayer unánimemente su labor. Aunque ella, que era una mujer con mucho sentido del humor reflejado en un libro titulado Cómo llegar al Congreso sin saber hacer la O con un canuto, seguramente habría preferido recibir las flores políticas antes de su funeral.
Pilar Salarrullana, ex diputada, nació el 17 de noviembre de 1937 en Zaragoza y murió en Logroño el 27 de junio de 2009.